ARTÍCULO DE INVESTIGACIÓN
Toxicidad de las leguminosas forrajeras en la alimentación de los animales monogástricos
D.E. García1,
María G. Medina2, Mildrey Soca1 e I.L. Montejo1
1Estación
Experimental de Pastos y Forrajes "Indio Hatuey"Central España
Republicana, CP 44280, Matanzas, Cuba
E-mail: DGarcia@indio.atenas.inf.cu
2Instituto
Nacional de Investigaciones Agrícolas (INIA), Estado Trujillo, Venezuela
RESUMEN
Las leguminosas
constituyen alternativas viables para la alimentación de los animales
monogástricos fundamentalmente por presentar, en términos generales,
contenidos de PB superiores al 13% de MS, buena composición aminoacídica,
niveles de minerales adecuados y aceptable calidad de la fracción fibrosa.
Sin embargo, muchas de las especies de mayor distribución en los trópicos
y subtrópicos contienen apreciables concentraciones de metabolitos secundarios
que, además de constituir factores antinutricionales, presentan propiedades
tóxicas que desencadenan cuadros alérgicos severos, trastornos
bioquímicos agudos y patologías metabólicas, si el tiempo
de exposición a la fuente de alimento es prolongado. Los principales
grupos químicos que causan estas afecciones son los polifenoles (taninos
y cumarinas), los aminoácidos no proteicos y los alcaloides, por diferentes
mecanismos de acción. Mediante la utilización de animales de laboratorio,
la administración de dietas es la forma más común por la
cual se ha demostrado la actividad o inocuidad de los compuestos, y los factores
más importantes son la estructura química y la concentración
del metabolito en la digesta. Los criterios más utilizados tienen en
cuenta la mortalidad después de las dos primeras semanas de exposición
a la fuente de alimento y la dosis letal media (DL50) para cada especie
monogástrica. No obstante, la diversidad de protocolos existentes para
estimar la actividad tóxica, el gran número de factores que acentúan
o atenúan la acción detrimental, así como la inconsistencia
entre los resultados toxicológicos de laboratorio, las pruebas experimentales
a nivel de campo y en condiciones naturales, hacen muy difícil la clasificación
definitiva de cada leguminosa.
Palabras clave: Antimetabotilos, alimentación de los animales, leguminosas forrajeras.
ABSTRACT
Legumes are viable
alternatives for feeding monogastric animals, mainly because they show, in general,
CP contents higher than 13% DM, good aminoacidic composition, adequate mineral
levels and acceptable quality of the fibrous fraction. However, many of the
most widespread species in the tropics and subtropics have remarkable concentrations
of secondary metabolites which, besides being antinutritional factors, have
toxic properties that cause severe allergic reactions, acute biochemical disorders
and metabolic pathologies, if exposition to the feed source is long. The main
chemical groups that cause these disorders are polyphenols (tannins and cumarins),
non-proteic aminoacids and alkaloids by means of different action mechanisms.
Through the use of laboratory animals, diet administration has been the most
common way to show the activity or innocuosness of the compounds, and the most
important factors are the chemical structure and concentration of the metabolite
in the digesta. The most used criteria take into consideration the mortality
rate after the first two weeks of exposition to the feed source and the mean
lethal dose (LD50) for each monogastric species. However, the diversity of existing
protocols for estimating the toxic activity, the great number of factors that
stress lessen the detrimental action, as well as the inconsistency among the
laboratory toxicological results, the experimental tests at field level and
under natural conditions, make it very difficult to definitively classify each
legume.
Key words: Antimetabolites, animal feeding, forage legumes.
INTRODUCCIÓN
Desde siglos pasados
el hombre ha alimentado a los animales domésticos con recursos locales
basados en el aprovechamiento de residuos de cosechas, subproductos agroindustriales
y forrajes autóctonos. Si bien los rumiantes, como producto de su sistema
digestivo, han requerido menor especificidad para su alimentación, en
el caso de los animales monogástricos ha sido más difícil
cubrir sus requerimientos nutricionales para una mayor producción.
En este sentido,
las leguminosas cultivadas y silvestres han tenido un papel preponderante como
fuente de alimento, debido a su elevado valor proteico, balance aminoacídico
y aceptable nivel de fibra y minerales, razones por las cuales su uso empírico
inicial ha devenido en una alternativa alimentaria viable en Cuba como producto
del déficit de piensos importados, que también están basados
en leguminosas de origen templado o subtropical.
1. Composición química de las leguminosas tropicales y su repercusión en el valor nutritivo.
Una de las
características distintivas más importantes de la mayoría
de las especies leguminosas radica en su elevado nivel proteico, que en el caso
de la alimentación de monogástricos debe ser, obligatoriamente,
superior al 13% de MS (Ly, 2004).
Si bien la
mayoría de las leguminosas presentan esta condición, la calidad
de la proteína y su disponibilidad no son las adecuadas en todos los
casos. Algunas de las dificultades más comunes son la elevada proporción
de compuestos nitrogenados cíclicos, bases nitrogenadas y alcaloides,
además de poseer una considerable fracción proteica unida a la
pared celular, lo que la convierte en material nitrogenado poco asimilable para
el organismo (García, 2003).
La cantidad
de aminoácidos en la mayoría de los casos es adecuada; no obstante,
en ocasiones algunas leguminosas no contienen suficientes aminoácidos
esenciales o su relación es deficiente; otras presentan aminoácidos
no proteicos, los que constituyen marcadores taxonómicos de esta familia,
y pueden causar intoxicaciones severas cuando los porcentajes de inclusión
en las dietas sobrepasan los niveles que el metabolismo animal puede asimilar
en el proceso de detoxificación que tiene lugar en el hígado (Ramos,
Frutos, Giráldez y Mantecón, 1998).
Los niveles
fibrosos se encuentran en un rango aceptable para algunas de las especies monogástricas,
pero en ocasiones la relación lignina-celulosa, la estructura secundaria
o terciaria de la fibra, las propiedades físicas, la conformación
espacial y los requerimientos fibrosos específicos para cada tipo de
animal, son elementos muy variables con los cuales se deben realizar análisis
cuidadosos para la inclusión en la dieta de una especie u otra (Galindo,
Delgado, Pedraza y García, 2004).
Aunque los
contenidos de minerales, fundamentalmente los macronutrientes, se encuentran
de forma abundante en la mayoría de las leguminosas, estas presentan
concentraciones extremadamente variables de micronutrientes como el Mn, Cu,
Fe, Co, Ni, S, Se y Cd, que realizan funciones primordiales en el metabolismo
enzimático por formar parte de cofactores importantes (Savón,
Gutiérrez, Scull y Ojeda, 2005).
Las leguminosas,
en sentido general, muestran apreciables contenidos de fósforo (P) total,
pero en la mayoría de los casos se encuentra en forma de fitatos, compuestos
cíclicos que pueden llegar a formar más del 60% del P total y
además pueden absorber por intercambio catiónico otros elementos
importantes que se convierten también en minerales no asimilables para
el animal.
Otras especies
pueden contener elevadas concentraciones de sales en forma de quelatos a partir
de ácidos dicarboxílicos de dos a cinco miembros, como es el caso
de los oxalatos de Ca y Mg en el género Acacia (Kumar, 1992).
En la tabla
1 se muestran algunos indicadores químicos importantes en la alimentación
de los monogástricos.
1.1 Metabolitos secundarios y factores tóxicos presentes en las leguminosas.
Las leguminosas,
como familia botánica, constituyen las especies mejor adaptadas en el
reino vegetal, por lo que su nivel de especialización también
está reflejado en la cantidad y diversidad de compuestos químicos
que derivan del metabolismo secundario y que son sintetizados por las células
como defensa ante los herbívoros, las plagas y las enfermedades foliares
(Valdés y Balbín, 2000).
Estas estructuras
suelen ser extremadamente diversas y varían, fundamentalmente, con las
especies, las variedades, la edad de rebrote y las condiciones ambientales (García
y Ojeda, 2004a).
En la tabla
2 se muestra la distribución de los metabolitos secundarios más
comunes presentes en la familia Leguminosae.
Por otra parte, la repercusión fisiológica en los animales monogástricos
es más dependiente de las características químicas de los
compuestos de la dieta que en el caso de los rumiantes, ya que en estos últimos
las estructuras básicas de los metabolitos secundarios son al menos metabolizadas
parcialmente a nivel ruminal.
De forma similar a la clasificación para el caso de los rumiantes, los
compuestos secundarios se pueden dividir en tres agrupaciones: los potencialmente
tóxicos, los protóxicos y los inocuos, según el mecanismo
de acción toxicológico (Marles y Farnsworth, 1995).
Independientemente de esta clasificación, de forma indistinta, los factores
antinutricionales (FANs) no necesariamente tienen que causar problemas de toxicidad
y viceversa, por lo que en ocasiones en la literatura se encuentran referidos
ambos términos para describir acciones detrimentales conjuntas, no siempre
definidas correctamente en el marco nutricional. Un ejemplo concreto en ese
sentido lo constituyen las clasificaciones propuestas por Ojeda (1996) y Delgado
(1998).
1.2 Toxinas naturales, estructuras y propiedades.
Después de muchos años de estudios fitoquímicos, farmacéuticos
y clínicos, ya se conocen al menos algunas estructuras químicas
que se encuentran muy diseminadas en el reino vegetal y presentan una probada
toxicidad clásica.
Desde el punto de vista tóxico para los monogástricos, entre los
compuestos mejor estudiados (por su diversidad y distribución en la familia Leguminosae) se encuentran los polifenoles y los compuestos nitrogenados
de naturaleza no proteica, miembros con las mayores potencialidades tóxicas
(García y Ojeda, 2004b).
El primer grupo está formado por los taninos y las cumarinas,
ambos de estructuras ampliamente diseminadas en estas plantas, los primeros
comunes en Mimosoide y las segundas en Faboide; mientras que la segunda
agrupación está constituida por los alcaloides y los aminoácidos
no proteicos.
En la última década ha sido muy común encontrar reportes
que describen cuadros toxicológicos en las aves, los cerdos, los caballos
y los conejos alimentados con dietas basadas en plantas taníferas (Mueller-Harvey
y Mc Allan, 1992), no así en el caso de las cumarinas, debido quizás
a que las concentraciones de estas son inferiores si se comparan con los niveles
de los taninos (García, 2003).
Por otra parte, muchos metabolitos secundarios paralelamente desencadenan trastornos
nutricionales, por constituir FANs, y a su vez provocan cuadros tóxicos
severos después de su ingestión por vía oral.
La figura
1 muestra la estructura básica de algunos taninos condensados presentes
en las leguminosas y que constituyen, paralelamente, FANs y agentes tóxicos
importantes, en sentido general.
Por su parte,
los alcaloides y los aminoácidos no proteicos han causado innumerables
reacciones tóxicas en condiciones contrastantes (Sotelo, 1997).
La acción
nociva de los taninos radica, desde el punto de vista toxicológico, en
la imposibilidad de la oxidación cuantitativa de los grupos hidróxilos
(-OH) por parte de las enzimas, debido a la complejidad estructural de las unidades
polifenólicas, lo que causa daños irreparables en las membranas
celulares, la obstrucción en el sistema nervioso periférico y
el desbalance en la actividad enzimática.
Por su parte,
las cumarinas presentes en las leguminosas poseen estructuras planas conjugadas
muy estables, que les proporcionan un tiempo prolongado de vida media en el
organismo si las concentraciones en la biomasa comestible son notables. Interfieren
activamente en el proceso de la coagulación sanguínea, por la
acción directa en los factores VII, IX y X, y en la conversión
de protrombina a trombina. La figura 2 muestra la estructura clásica
del patrón piránico de una cumarina con propiedades tóxicas
severas.
Otras cumarinas
causan fototoxicidad, efecto que se refuerza en presencia de la luz ultravioleta
por reacciones alérgicas no bien estudiadas.
La alergenicidad
es otro aspecto de la toxicidad típica de las cumarinas que no es revelado
por las pruebas regulares de toxicidad aguda; sin embargo, son riesgos significativos
en el uso de las plantas, especialmente cuando se utilizan miembros de las Amarcadiaceae
(Urushiol), Asteraceae (Tiofenos, Sesquiterpen lactona), Hypericaceae
(Hipericina) y Apiaceae (Furanocumarinas). Por tal motivo, Lampe y McCann
(1985) han tabulado muchas de las plantas leguminosas de las consideradas como
causantes de estos problemas, teniendo en cuenta también la mutagenicidad
del compuesto en cuestión.
Los aminoácidos
no proteicos y los alcaloides son metabólicamente estables y la acidez
estomacal no los transforma cuantitativamente, por lo que causan daño
al sistema nervioso central, expresado en la descoordinación locomotiva,
la falta de apetito, la alopecia, la anemia y los vómitos ocasionales
como mecanismo inmediato de defensa del organismo (Ojeda, 1996). En el caso
de los aminoácidos y los péptidos de naturaleza no proteica, las
enzimas proteolíticas no pueden degradar los radicales acompañantes
al carbono-ã, ocasionando la absorción intestinal de entidades
moleculares no degradadas en su totalidad. Dichas cadenas carbonadas pasan al
torrente sanguíneo y después son parcialmente eliminadas en el
hígado. No obstante, en muchas ocasiones estos compuestos no son reconocidos
por las enzimas encargadas de llevar a cabo los mecanismos hepáticos
de detoxificación. En este sentido, la figura 3 muestra la estructura
de la Hipoglicina B, un ã-L-glutamil dipéptido de tipo ciclopropanoide,
presente en Blighia sapida (Koening.) y responsable en los monogástricos
de la enfermedad legendaria del vómito en Jamaica.
Una buena
parte de los alcaloides presentan acentuadas propiedades tóxicas y son
también muy diversos estructuralmente. La figura 4 muestra la estructura
de un alcaloide secundario presente en la familia Leguminosae que ha
causado trastornos digestivos e intoxicaciones ocasionales.
Los compuestos
alcaloidales, en la mayoría de los casos, pasan por el tracto gastrointestinal
sin alteraciones estructurales relevantes, con excepción de la conversión
a su sal clorhídrica conjugada mediante la reacción de neutralización
con el HCl estomacal.
Por otra
parte, dada la gran diversidad de estructuras, las investigaciones toxicológicas
han sido dirigidas hacia los metabolitos de mayor actividad. En la tabla 3 se
muestra un resumen de los principales compuestos activos en toxicología
alimentaria.
2. Características
toxicológicas de las plantas leguminosas y sus vías de estudio
Si la mayoría
de los componentes de las especies vegetales, en sentido general, han surgido
a través de la coevolución de los compuestos químicos de
defensa, entonces debe reconocerse que para la supervivencia de la planta fuente,
la mejor estrategia es sintetizar una toxina no selectiva que detendrá
a los herbívoros que la atacan sin tener en cuenta la especie animal.
A menudo, el desarrollo de las ciencias afines con la toxicología a partir
de plantas, no incluye el aumento de la potencia del producto natural principal
porque ésta ha sido optimizada por millones de años de evolución;
de ahí la peligrosidad en la ingestión de leguminosas poco conocidas,
por lo que el análisis de la relación estructura-actividad tóxica
es una herramienta esencial para poder realizar predicciones acertadas (Marles
y Farnsworth, 1995).
Aproximadamente
un tercio de las especies de leguminosas estudiadas se consideran tóxicas
por los criterios in vitro, mientras que en las restantes su seguridad
es incierta. En algunos casos, como la ingestión de la fruta de B.
sapida, la toxicidad se expresa en parte como una profunda hipoglicemia.
Muchas leguminosas empleadas para tratar enfermedades o de las que se ha demostrado
experimentalmente que son hipoglicémicas, tienen efectos tóxicos
no relacionados con su efecto deseado.
Aunque una
larga historia del uso en la alimentación tradicional de una leguminosa
pudiera sugerir que es relativamente no tóxica, esto debe confirmarse
mediante una revisión profunda de la literatura y bioensayos experimentales
apropiadamente controlados. Algunos de los reportes de toxicidad para las plantas
se han derivado de estudios de caso, reportes del Centro de Control de Envenenamiento
y de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Por otra
parte, los estudios de toxicidad aguda son realizados mediante la inyección
de extractos a roedores o experimentos con dietas basadas en la fuente tóxica,
y en todos los casos no se relacionan con la toxicidad oral humana (Irwin, 1962).
Existen varios
criterios de medición en cuanto a la actividad tóxica; los extractos
se preparan de forma diferente y la mortalidad puede registrarse después
de las 24 horas (Marderosian, Giller y Roia, 1976) o a los 7-14 días
(Klassen, 1980). En estos estudios, una planta se considera tóxica si
la dosis letal media (DL50) por administración en los mamíferos
es de 500 mg/kg de PV o menor.
La toxicidad
es influida por la parte de la planta, el método de preparación,
la vía de administración y el organismo de prueba. Por ejemplo,
las hojas de Abrus precatorius (Linn.) se utilizan en la medicina tradicional,
y las hojas y las raíces se han empleado para endulzar alimentos. Aunque
las hojas y las raíces son relativamente no tóxicas y no mutagénicas
(Choi, Hussain, Pezzuto, Kinghorn, Morton y Abrusides, 1989), las semillas contienen
la glicoproteína Abrina, una de las más potentes de todas las
toxinas botánicas conocidas, con una dosis letal mínima de 0,7
mg/kg de PV cuando es administrada a monogástricos. Las dosis subletales
de Abrina son hipoglicémicas (Fodstad, Johannessen, Schjervent y Pihl,
1979), pero una sola semilla bien masticada puede ser fatal para un humano (Lampe
y Mc Cann, 1985).
Cuando se
calcula sobre la base de la dosis por peso corporal, los humanos son generalmente
vulnerables con una dosis 1/10, de la que se ha demostrado que tiene el mismo
efecto en animales monogástricos. Al calcular por unidad de área
de superficie corporal, los efectos tóxicos en el hombre están
usualmente dentro del mismo rango de dosificación que en los animales
(Klassen, 1980). Mediante la alimentación oral, la cavidad peritoneal
ofrece una gran superficie de absorción desde la cual los metabolitos
entran a la circulación rápidamente. La relación dosis-respuesta
puede ser bastante diferente; la absorción desde el tracto gastrointestinal
está gobernada por una amplia variedad de factores, incluyendo la proporción
del tóxico en la forma no ionizada, la presencia de otras fuentes de
alimentos, el tiempo de vaciamiento gástrico, la descomposición
del compuesto por los ácidos y las enzimas digestivas, la velocidad de
difusión a través del epitelio gastrointestinal y el "efecto
de primera entrada" de las enzimas metabolizadoras epiteliales y hepáticas
(Mayer, Melmon y Gilman, 1980).
Debido a
la cantidad de factores que influyen, una información más útil
lo constituye el índice terapéutico, que se expresa generalmente
como una proporción de la dosis letal media a la dosis efectiva media
(DL50/DE50), o el factor de seguridad cierto (DL1/DE99).
Sin embargo, dicha información está pocas veces disponible para
las leguminosas, que no son bien conocidas por la farmacología moderna.
Varias líneas
de investigación han conducido, de una u otra forma, a la determinación
de la toxicidad de las leguminosas en los animales monogástricos. Los
estudios farmacológicos para la detección de los metabolitos naturales
con actividad biológica en los humanos han utilizado monogástricos
de laboratorio para conocer sus propiedades; de forma similar se ha procedido
en los estudios de secuenciación de mecanismos antigénicos, alérgicos
y modulaciones para el tratamiento de la diabetes y la hipercolesterolemia (Marles
y Farnsworth, 1995).
Independientemente
de que las pruebas bioquímicas informadas en la literatura científica
se han desarrollado en condiciones diferentes, el resultado ha indicado la toxicidad
o inocuidad de la leguminosa utilizada, ya que en investigaciones preliminares
para cada fuente de alimento se han tenido en cuenta los dos principales factores
de toxicidad: la estructura química específica y su concentración
en el tejido vegetal.
Después
de la realización de varios estudios que han tenido en cuenta factores
tanto de la dieta como de los animales, se ha llegado a la conclusión
de que, en condiciones prácticas, el efecto negativo de los compuestos
tóxicos presentes en las leguminosas para la alimentación de los
monogástricos solamente se puede combatir con la selección minuciosa
de la fuente o su combinación con otros materiales, con el objetivo de
diluir la concentración de los metabolitos perjudiciales, ya que los
pretratamientos a la fuente de alimento encarecen su utilización.
Otro aspecto
que debe considerarse es que no solamente las leguminosas contienen FANs o tóxicos, aunque en ellas existe una mayor variabilidad en cuanto
a los grupos funcionales presentes y elevadas concentraciones; también
se han informado intoxicaciones severas de animales (en condiciones naturales)
que han consumido especies de otras familias botánicas, tales como: Anacandaceae,
Rosaceae y Myrtaceae (Ramos et al., 1998).
La tabla
4 muestra la presencia de compuestos potencialmente tóxicos en la región
aérea de algunos árboles de interés.
A modo de resumen
y con el propósito de brindarle al lector información práctica
acerca de la toxicidad real de las leguminosas mejor estudiadas en la últimos
años (tabla
5 a y b),
se recopilaron los resultados del Centro de Control de Envenamientos de los
Estados Unidos, la OMS y varios trabajos desarrollados en este campo en disímiles
regiones del mundo (Lampe y Mc Cann, 1985).
Del total
de las especies tabuladas, el 39% corresponden a plantas tóxicas, el
37% a no tóxicas y el 24% han mostrado datos contradictorios, lo que
demuestra la elevada diversidad que presentan las leguminosas y las diferencias
toxicológicas entre los géneros de cada familia.
Teniendo
en cuenta la parte de la planta que se ha investigado, del total de los reportes
los mayores porcentajes corresponden a la planta entera, la parte aérea
y las semillas, con 31, 26 y 25%, respectivamente, zonas que por su naturaleza
contienen la mayor parte de la toxicidad específica.
CONCLUSIONES
Si bien
es una realidad que las leguminosas constituyen una fuente de alimento importante
por sus características químicas y su elevado valor nutricional,
debe tenerse en cuenta su posible potencial tóxico en la alimentación
de los animales monogástricos, independientemente de que la presencia
de metabolitos secundarios en la biomasa comestible no es una condición
suficiente (ni necesaria en algunos casos) para que la salud animal se vea afectada
por esa causa.
Dada la inmensa
diversidad de estructuras, grupos químicos y disímiles factores
que influyen en la variación de las concentraciones de los compuestos
secundarios, es imprescindible conocer al menos las características primordiales
de la fuente arbórea que se utilizará, con el propósito
de tener una idea de los FANs y/o tóxicos presentes, así como
sus concentraciones. Estos elementos ayudarán a trazar estrategias de
alimentacion viables y a lograr un mayor aprovechamiento de los nutrimentos
por parte del animal.
Las investigaciones
sobre el efecto, tanto tóxico como antinutricional, de las plantas leguminosas
en la alimentación de los monogástricos, aún son insuficientes
para poder aseverar cuáles son las concentraciones críticas para
los principales grupos de metabolitos en los tipos de animales; no obstante,
el consenso generalizado tiende a plantear que entre 0,5-2,5% MS de metabolitos
con potencialidad tóxica media o elevada, es suficiente para desencadenar
trastornos en los animales cuyo sistema digestivo sea de tipo enzimático
simple.
Estas investigaciones
deben continuarse para poder confeccionar tablas con información antinutricional
y toxicológica, que sirvan como herramienta a los profesionales y técnicos
que trabajan en el campo de la alimentación animal en el trópico.
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Recibido el 3 de
enero del 2005
Aceptado
el 7 de septiembre del 2005