ARTÍCULO DE INVESTIGACIÓN
NACEDERO (TRICHANTHERA GIGANTEA)
J. Suárez y Milagros Milera
Estación Experimental de Pastos y Forrajes "Indio Hatuey"Matanzas, Cuba
E-mail: jesus.suarez@indio.atenas.inf.cu
INTRODUCCIÓN
Ante el déficit
de materias primas para piensos y en un contexto donde es imprescindible una
agricultura sostenible, es necesario potenciar el uso de los árboles
forrajeros por su alto valor nutritivo para los animales.
Entre estos árboles
se encuentra el nacedero, cuyo cultivo y uso tal vez sea el logro más
importante en el campo de los árboles forrajeros, según Murgueitio
(1991a).
Su rendimiento
es alto y la calidad de su forraje es excelente, ya que presenta valores en
su contenido proteico de alrededor de 16 a 22 %. Otras condiciones deseables
son su capacidad de rebrote, la rusticidad y la adaptabilidad a diferentes condiciones
edafoclimáticas.
Las plántulas
normalmente se producen en vivero, sembrando las estacas en bolsas de 1 kg,
lo que permite un mejor desarrollo de las raíces. Para su llenado se
puede utilizar una mezcla de arena, tierra y abono orgánico en relación
3:3:1 (Gómez, 1993). Murgueitio (1991a) recomienda el trasplante en el
campo a los 3 meses, al igual que Sarría et al. (1994).
Según Gómez
(1993), la siembra de las estacas puede hacerse directamente en el campo, para
lo cual deben asegurarse buenas condiciones iniciales (control de malezas y
agua), con el fin de permitir un buen establecimiento y desarrollo de las plantas;
también se pueden realizar trasplantes a raíz desnuda, después
de haber retirado parte del follaje para evitar la deshidratación en
el campo. Por su parte, Espinel (1994) recomienda la siembra directa por estacas
en la época de lluvia empleando material vegetal fresco. Estas prácticas
disminuyen altamente los costos en comparación con los del sistema de
vivero.
En las parcelas anteriores se realizó un corte para uniformar las plantas a 1 m de altura y posteriormente Gómez (1993) evaluó la producción de forraje a diferentes intervalos de corte (tabla 4). En este ensayo la autora encontró diferencias significativas entre el corte a los 4 meses y el resto; dicho comportamiento, se debió en mayor medida a las precipitaciones que a la periodicidad de los cortes.
Existe coincidencia
entre diferentes autores en cuanto al momento de realizar el primer corte: 6-7
meses después del trasplante, y el intervalo entre ellos: 3 meses (Gómez
y Murgueitio, 1991; Murgueitio, 1991b; Sarría et al., 1991; Gómez,
1993; Sarría et al., 1994).
Con una densidad
de siembra de 10 000 árboles/ha e intervalo de corte de 3 meses, Murgueitio
(1991a); Sarría et al. (1991); Sarría (1994a) y Sarría
et al. (1994) afirman que una plantación de nacedero puede producir entre
40 y 60 t de proteína/ha/año (20 % de MS y 18 % de PB en las hojas).
Además,
los resultados observados por Gómez (1993), en cultivos intensivos de
árboles sembra-dos a distancia de 1 x 1 m, con intervalo de corte de
3,5 meses, mostraron producciones de 460 g de hoja verde y 1 100 g de tallo,
para una producción de forraje verde de 1 560 g/árbol/corte, equivalente
a 53 t de biomasa total/ha/año.
No obstante, el
uso del estiércol en plantaciones de nacedero en Colombia es mencionado
por Gómez (1993), Sarría (1994a) y Sarría et al.(1994);
estos últimos utilizaron 400 g de caprinaza por árbol.
Según Gómez
(1993), en cultivos establecidos se han encontrado en forma natural, asociadas
al nacedero, poblaciones importantes de micorrizas (64 esporas/24 g de suelo),
lo que se considera bueno (contenidos mayores de 50); esta autora indicó
la necesidad de profundizar en dicha temática a fin de potenciar su uso.
Esto coincide con
lo observado por Vargas (1994), quien encontró muy bajos contenidos de
fenoles, similares a los de Gliricidia y Erythrina edulis, y ausencia de saponinas,
como ocurre en Gliricidia y Leucaena.
Similares resultados
fueron descritos por Rosales y col. (citados por Murgueitio, 1991b), quienes
hallaron 453 mg de fenoles/kg de MS y 0,062 % de esteroides en la MS de las
hojas. El bajo nivel de fenoles existente en el follaje del nacedero le permite
tener altos niveles de aceptación y una alta degradación ruminal;
su concentración varía con la edad de la planta y es mayor en
las hojas que en los tallos (Gómez, 1993).
Esta ausencia de
compuestos antinutricionales también se ha corroborado en los ensayos
realizados por Jaramillo y Rivera en 1991 (citados por Gómez, 1993),
quienes emplearon nacedero para la alimentación de los animales, en los
que no se presentó ningún síntoma de toxicidad.
Como se observa,
a medida que se aumentó el por ciento de harina de follaje de nacedero,
se redujo la ganancia diaria y el consumo diario de jugo y suplemento. Los autores
suponen que la reducción del consumo fue el resultado de un desbalance
a nivel metabólico, debido a un inadecuado aporte de aminoácidos
esenciales. Este desbalance de aminoácidos en la configuración
proteica del nacedero también fue señalado por Murgueitio (1991a).
Sarría et
al. (1991) refirieron también que cuando sustituyeron la harina por follaje
fresco picado no mejoró su consumo pero sí el del suplemento,
y aunque no llegaron a conclusiones acerca del valor nutritivo del follaje fresco
y seco, presuponen que en el primero debe ser mayor, pues en el secado y molido
se pueden perder más fácilmente las hojas, que son la parte más
rica en proteína.
Este ensayo demostró
que el follaje de nacedero no sustituyó eficazmente el suplemento de
torta de soya en dietas de jugo de caña para cerdos en fase de levante-engorde,
debido a causas no precisadas.
En 1993, Espinel
y Ramos (citados por Solarte, 1994) realizaron un ensayo en el que alimentaron
cerdos con plátano verde de desecho como única fuente de energía
y torta de soya (180 g diarios de proteína) como suplemento proteico
y obtuvieron ganancias de 434 g diarios. Cuando la soya se redujo a 140 g y
se adicionó hojas de nacedero (16 g en la ceba y 42 g en el engorde),
las ganancias fueron de 360 g/día.
En otro estudio,
Sarría (1994a) evaluó durante 4 meses el follaje de Trichanthera
en cerdos de engorde, los cuales recibían como suplemento 200 g diarios
de proteína (92 % de torta de soya y 8 % de premezcla comercial de minerales
y vitaminas para cerdos). El follaje fue secado al sol y molido; después
se mezcló con el suplemento durante las 10 primeras semanas y se entregó
fresco y picado en los últimos 42 días. Los resultados demostraron
que reemplazaba a la soya hasta un 25 %, pero ejercía ciertos efectos
negativos sobre el incremento del peso y la conversión, lo cual coincide
con lo obtenido por este autor anteriormente.
A pesar de estos
resultados no favorables en la fase de engorde, en cerdas gestantes y en lactancia
todo parece ser más favorable, pues los pará-metros productivos
al nacimiento y hasta el destete fueron mejores cuando se hicieron reemplazos
de hasta el 75 % de la torta de soya por follaje fresco (Mejías, citado
por Sarría et al., 1991).
Las razones para
tal diferencia en la respuesta, según Sarría (1994b), pudieran
ser el restringido nivel alimenticio en las cerdas gestantes (el consumo de
jugo de caña se controló
en 9 litros diarios), lo que provocó un mayor tiempo de retención
de la digesta en el aparato digestivo, aspectos que parecen favorecer en mayor
grado la digestibilidad de la proteína. Estas cerdas llegaron a consumir
4 kg diarios de follaje fresco (aproximadamente el 4 % de su peso); mientras
que los cerdos en fase de levante-engorde solo lograron consumir 0,6 kg de follaje
fresco o su equivalente seco y molido (0,375 kg/día), lo que significa
apenas el 1 % de su peso; además, las cerdas gestantes tienen una mayor
capacidad gástrica debido a una superior demanda fisiológica.
Sarría (1994a)
realizó un ensayo de reemplazo parcial de la soya por forraje fresco
picado de nacedero (2-4 kg/día) en cerdas gestantes alimentadas con jugo
de caña y obtuvo resultados superiores a los encontrados en cerdos de
engorde por Sarría et al. (1991). La autora recomendó no utilizar
el nacedero como única fuente proteica, pues aunque algunos cerdos consumieron
hasta 4 kg de forraje/día, el estado corporal empeoró drásticamente
al eliminarse totalmente la suplementación con soya. Es por ello que
su uso debe ser a voluntad, hasta un 30 %, cuando se suministra soya para completar
los 150 g/día de proteína. En el caso de las cerdas en lactación,
deben recibir 400 g/día procedentes de la soya o de otra fuente de proteína
verdadera convencional.
En este mismo ensayo
se determinó que los parámetros reproductivos fueron mucho mejores
para las dietas que incluían el nacedero con respecto al testigo; hubo
superioridad para el nacedero y la torta en nacidos totales, nacidos vivos,
ningún aborto, peso promedio de la camada al nacimiento, a los 10 días
y a los 45 días, así como un aumento de peso diario a los 45 días,
lechones vivos y por ciento de mortalidad. El testigo solo fue más favorable
en el menor número de nacidos muertos y en el aumento de peso diario
a los 10 días. Gómez (citado
por Murgueitio, 1991b) comparó la soya con el nacedero, el cual posee
varias ventajas, lo que se muestra en la tabla 9.
Todo ello influye
en que la Trichanthera posea un potencial que supera al de la soya en términos
de proteína total por su alta producción de biomasa, lo cual permite
reforzar los sistemas de producción animal con recursos locales (Sarría
et al., 1991). Estos autores también sugieren que el uso de dicho follaje
es más promisorio en cerdos cuyo peso vivo sea superior a los 60 kg.
Mejías (citado
por Murgueitio, 1991a) realizó observaciones sobre su uso como suplemento
proteico en dietas con jugo de caña para cerdas gestantes, las cuales
recibían solamente proteína a partir de las hojas de Trichanthera;
no se encontraron reducciones en los parámetros biológicos tanto
de la madre como de la camada con respecto a la fuente de proteína convencional
(torta de soya).
En todos los casos
cuando se habla de follaje se hace referencia a las hojas, pues los tallos verdes
y las ramas tiernas no se emplean en dietas porcinas por su alto contenido de
fibra, pero son muy bien aceptados por los rumiantes (Murgueitio, 1991a).
Aves. En
una prueba de observación realizada durante 7 días por Vargas
(1994), donde se sustituyó el 20 % del concentrado por follaje seco y
molido de Trichanthera gigantea en dietas para pollitos, se obtuvo una ganancia
muy alta en peso y consumo (75-99 %) con respecto al control.
Conejos.
En 1990, Arango y Quintero de Vallejo realizaron ensayos en los que evaluaron
la inclusión de tres niveles de follaje de nacedero en la ceba de conejos
de la raza Nueva Zelandia, estos tenían 35 días de nacidos y 700
g de peso y recibían una dieta basada en un concentrado comercial (tabla
10).
Se observó
que el testigo tuvo una mejor conversión, debido a una mayor ganancia
y un menor consumo de MS; no obstante, la ganancia en peso y la duración
de la ceba en el tratamiento del 30 % fueron muy similares a las del testigo
y superiores a las del resto de los tratamientos, lo cual se explicó
por la mejor conversión. Además, las ganancias fueron superiores
a las obtenidas cuando se utilizan concentrados comerciales balanceados, que
son generalmente de 25-30 g/día, y en el caso de la suplementación
con 30 % de nacedero fueron similares a las referidas por Lebas, Coundert y
Rouvier (1985) en Francia (33 g/día). De lo anteriormente expuesto, se
puede inferir que los valores registrados son buenos para las condiciones tropicales.
Ovinos.
En 1993, Mejías y Vargas realizaron un análisis de la selectividad
de diferentes forrajes (Trichanthera gigantea, Gliricidia sepium y Leucaena
leucocephala) por ovejas africanas, cuya dieta estaba basada en cogollo de caña
de azúcar, bloque multinutricional, pollinaza y forraje arbóreo
a voluntad. Los consumos diarios se muestran en la tabla 11.
Según los
resultados, el mayor consumo fue el de Gliricidia; sin embargo, el nacedero
fue el tercero, solo superado por Gliricidia y cogollo, a los que ya estaban
adaptados los animales, mientras que T. gigantea fue incluida pocas veces en
su ración con anterioridad.
Por su parte, Vargas
(1993) realizó una evaluación del efecto de los forrajes de T.
gigantea, G. sepium y E. poeppigiana sobre el consumo voluntario, en ovejas
africanas alimentadas con una dieta básica de tallo prensado de caña
de azúcar; se halló un ligero incremento del consumo de nacedero
en relación con los otros follajes, además de una ligera tendencia
a ser mayor el consumo de los bloques multi-nutricionales en los animales que
recibieron alguna fuente de suplementación proteica, favoreciendo especialmente
al nacedero. ´
Originario del
norte de los Andes el nacedero es utilizado para diversos fines, entre los que
se destaca la alimentación animal, la medicina humana y animal, así
como las cercas vivas.
Su semilla sexual
tiene baja viabilidad, por lo que su propagación es por estacas. Su valor
como planta forrajera está dado por la excelente composición química
que presenta su follaje, el cual contiene entre 16-22 % de PB y 77 % de degradabilidad
de la MS a las 48 horas; los altos rendimientos de material comestible (hojas
y tallos tiernos), que por lo general sobrepasan las 10-12 t de MS/ha/año,
lo que equivale a unas 1,6-2 t de proteína; y los altos contenidos de
fósforo y calcio, que lo hacen ideal para animales en lactancia y ponedoras.
Su inclusión
en una proporción de la ración como suplemento proteico parece
tener buenos resultados en cerdas gestantes y en lactancia, aves, conejos y
ovejas, no así en cerdos en engorde (aunque algunos de los indicadores
referidos en estos trabajos son contradictorios); mientras que en bovinos y
cabras no existen datos publicados, por lo que se hace necesario su evaluación,
ya que se conoce su uso en las raciones destinadas a estas especies a través
de referencias inéditas.
Aunque todos estos
resultados hacen que el nacedero se destaque como una planta de gran perspectiva
para incorporarla a los sistemas actuales de alimentación, se trabaja
para completar los estudios acerca de la pared celular, su composición
en aminoácidos y la digestibilidad de la proteína para monogástricos
y rumiantes.
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