ARTÍCULO DE INVESTIGACIÓN
Hierba pangola (Digitaria decumbens Stent.)
R. Machado y L.R. Valdés
Estación Experimental de Pastos y Forrajes «Indio Hatuey» Perico, Matanzas, Cuba
INTRODUCCIÓN
El sudeste africano puede ser considerado el centro de origen del género Digitaria. La gran diversidad genotípica aquí encontrada, representada casi totalmente en las colecciones realizadas en 1965 y 1971 (Oakes, 1973) con más de 600 ecotipos pertenecientes a más de 40 especies y los reportes de Chippindal (1955), Meyre (1960) y Compton (1966) citados por Oakes (1973) donde se relacionan 6 especies indígenas de Africa del Sur, 11 pertenecientes a la flora de Swazilandia y 17 de Mozambique, son una prueba evidente de ello. Incluso Degras (1968) reporta que la variabilidad obtenida de una fracción del material original de la colección Oakes es sorprendente.
Digitaria decumbens y en específico la variedad pangola, por cuyo nombre son conocidas las Digitarias forrajeras (Degras, 1973) tiene su origen en el valle del río Pangola al este de Transvaal (Nestel y Creek, 1962).
Motivado por su gran difusión, la pangola puede ser considerada como uno de los pastos más importantes, encontrándose ampliamente distribuida en el Caribe, América Central, las regiones subtropicales de América del Norte, América del Sur, Australia, Africa, Asia, donde está siendo probada o explotada en la actualidad.
Botánica
Esta especie pertenece al orden Glumiflora y en particular a la tribu Panicea (Hno. León, 1946), posee tallos conspicuamente articulados, hojas alternas, envainadoras y lineales. Forma un césped tupido con abundantes estolones en la época de mayor precipitación, tornándose rala y con una altura no mayor de 10 cm en campos no irrigados en la época de seca (Wollner y Castillo, 1968).
Las espeguillas se encuentran en racimos digitados agrupadas a un solo lado del
raquis zigzagueante, son planas, convexas y comprimidas contra él, descienden en doble hilera,
la primera sub-sentada, la segunda pedicelada, floreciendo primero esta última (Yepes, 1971).
La primera gluma es exterior, diminuta, triangular, la segunda menor y más estrecha que la
lema
estéril y con el ápice desflecado. La lema estéril tiene cinco nervios verdes. La lema fértil
es rugosa igual a la palea.
Las flores son estériles, atribuyéndose este carácter a un origen intraespecifico (2 n = 27, otras Digitarias 2 n = 18, 36, 54, 72) según Shank, citado por Sheth, Yu y Edwardson (1956).
En Cuba la etapa de floración y maduración comprende los meses de junio a septiembre (Dudar, 1973) siendo muy análoga en otros países de las Antillas (Degras, Mathurin y Félicite, 1971). Estos últimos autores plantean que este comportamiento puede tener concordancia con las especies de días largos.
Introducción en el neotrópico
En los primeros años de su difusión en las áreas tropicales y subtropicales de América y en el Caribe, la pangola impactó exitosamente en las áreas ganaderas debido a su agresividad y los altos rendimientos obtenidos, sobre todo en las cosechas realizadas en su etapa de mayor crecimiento; así, a, partir del año 1949 cuando esta especie fue introducida en Guadalupe (Pocthier, 1966), constituyó paulatinamente la base de las praderas en esta isla y las demás Antillas francesas; en 1953, al ser difundida en Surinam presentó un patrón similar (Alvarez, 1971); en Colombia muchos pastizales de guinea (Panicum maximum) fueron destruidos para sembrar esta especie (Crowder, Chavedra y Lotero, 1970), mientras que en la zona del delta del Orinoco esta especie se fue expansionando a partir de pequeñas parcelas introducidas (Bryan, 1971), constituyendo junto a Pennisetum purpureum e Hyparrhenia rufa el principal alimento para la ganadería en ciertas zonas de Venezuela (French y Chaparro, 1961).
En Cuba, después de su introducción, en el año 1950, se expandió rápidamente, incrementándose su auge aún más después del año 1960, llegando a ocupar en 1973 más de medio millón de hectáreas en todo el país (Crespo, 1973).
Sin embargo, a partir del año 1958, el reporte de una enfermedad virosa, conocida
como stunt virus (sv), en el pasto pangola (Dirven y van Hoof, 1960; Alvarez, 1971) indicó la
etapa final de la pangola en Surinam, comenzándose el estudio de otras líneas y especies
de Digitaria introducidas de la Florida, como D.
decumbens PI-6535 y D. swazilandensis
USDA 2999838, buscando resistencia a los embates del virus. Por otra parte, la amenaza de
esta
enfermedad constituyó la base de la formación de nuevas colecciones (Oakes,
1965), justificando nuevas investigaciones de especies de sustitución en el área antillana
(Pocthier, 1966) y en las islas del Hawaii (Whitney, 1971).
Jailloux y Jacqua (1970) reportaron otras enfermedades encontradas en el género Digitaria, constituidas por parásitos criptogámicos de las hojas: Puccinia oahuensis, Pericularia grisea, Mycosphaerella tissiana y Rhizoctonia, planteando que muchas Digitarias del grupo milanjiana sub-especie eylesiana son generalmente resistentes en cuanto a la roya y la periculariosis. Sin embargo, solamente tres de 77 Digitarias son resistentes a los cuatro hongos: milanjiana 644, 666 y milanjiana, sub-especie eylesiana 705.
En el caso particular de Cuba, la incidencia de enfermedades fungosas en la pangola y otros pastos, comienza a fines de la época de lluvias y se prolonga durante toda la época de seca (Dudar, Machado y Pedraza, 1975; Machado y Rodríguez, 1978), produciendo elevados detrimentos en la masa verde del pastizal, agravando la carencia de alimentos para el ganado en esta época del año. Además, el ataque del áfido amarillo de la caña de azúcar (Sipha flava) constituye también una amenaza en el mismo período de la infestación fungosa, reportándose en Puerto Rico una correlación positiva entre el rendimiento y la resistencia al ataque de este insecto en 30 ecotipos de Digitaria (Sotomayor-Rios, Velez-Fortuño y Spain, 1971).
Otros vectores en su período larval atacan considerablemente este pasto, así, Laphigma frugiperda (Spodoptera frugiperda) y Mocis repanda han causado serios daños en diversas zonas de Cuba, reportándose en la Florida (Nestel y Creek, 1962), mientras que el medidor del pasto rhodes (Antonina graminis) la ha infestado fuertemente en diversas zonas de Brasil (Williams y Schuster, 1972).
Establecimiento
La propiedad de producir semilla vegetativa ha sido extensivamente usada en
pastos fuertemente estoloníferos como la pangola, Pennisetum clandestinum, Cynodon dactylon
y otros en los últimos 20 años (Dirven, 1958; Williams, Burt y Strickland, 1976). El método
más corriente de siembra es el esparcimiento de los estolones y tallos vegetativos en
suelos debidamente preparados, la cual puede ser realizada a voleo, pasando posteriormente
una
grada que los repica y tapa, o en surcos, siendo éste el más recomendado técnicamente,
ya que es posible un mejor control de todos los factores que pueden afectar la germinación y
el establecimiento (Anon, 1975).
En algunos países se ha utilizado herbicida en la pri mera etapa del establecimiento de este pasto (Roeney, 1961), aplicándose después de la siembra, acorde al grado de preparación del suelo, la densidad de siembra usada y la velocidad de establecimiento. En Cuba se recomienda el control de malas hierbas en este pasto, en la etapa de presiembra, usándose granoxone en dosis de 2-3 L/ha (Anon, 1976).
Las distancias de siembra recomendadas fluctúan entre 40-60 cm de acuerdo a las características del terreno, debiendo surcarse a 40 cm en terrenos yerbateros donde predomine la jiribilla (Dichanthium caricosum), mientras que la profundidad de surco, siempre que las condiciones lo permitan, no debe ser menor de 15 cm. La cantidad de semilla, de acuerdo a la distancia de surco, debe ser de 2,5-3,0 t/ha (Anon, 1975).
En la preparación de campos viejos para bancos de semilla se debe utilizar corte con segadora, fertilizando inmediatamente después con 300-400 kg/ha de fertilizante completo, aplicando 150 kg/ha de nitrato 35 días después (Anon, 1975); la semilla puede ser utilizada 90 días después del corte, recomendándose que éste se realice en marzo y la siembra en julio con el fin de aumentar los rendimientos de semilla (Hernández y Rodríguez, 1976).
Otras especies de Digitaria producen semilla viable, la cual se desprende 10 días después de la antesis (Strickland, 1969); entre éstas se encuentran D. setivalva y D. milanjiana, aunque su capacidad de producir estolones es menor que en D. decumbens.
Rendimientos
Es obvio que el crecimiento de los pastos no es constante a través del año debido a
varios factores como: distribución irregular de las
lluvias, bajas temperaturas nocturnas en los meses fríos e influencia de los días cortos (Salette, 1971a). Aunque se ha reportado tolerancia a
las bajas temperaturas en algunas especies de Digitaria (Oakes y Langford, 1967) y resistencia
a la sequía en varios cultivares de especies de Digitaria, entre ellas, D. decumbens,
D. setivalva y D. valida (Oakes y Lengford, 1971) se ha confirmado que para esta especie sus
rendimientos
son tres y hasta cuatro veces más bajos en la estación de baja precipitación y días
fríos (noviembre-abril) que en la estación de mayor precipitación y temperaturas más
elevadas (mayo-octubre), No obstante, el volumen total anual es considerablemente alto, sobre todo
en los primeros años de explotación, determinando en éste los rendimientos de primavera.
La agresividad de este pasto en los meses de lluvias, caracterizada por un denso follaje de plantas vigorosas, proporciona una alta capacidad productiva anual; así, además, Salette y Sobesky (1973) obtuvieron variaciones potenciales en los rendimientos entre 20 y 40 t de MS/ha/año como resultado de 16 ensayos efectuados en las Antillas francesas, utilizando tres niveles de fertilización: N1 30-30-30 kg NPK/corte respectivamente; N2 40-75-120 (aplicando el N/corte, el P/año y el % cada tres cortes) y N3 100-150-300 con un régimen de aplicación similar a N3, lo cual estuvo en dependencia del ritmo del crecimiento estacional y de factores como la siega y la fertilización. Por otra parte, se han reportado rendimientos de 25 t de MS/ha/año con 200 kg N/ha y 39 t/ha/año con 400 kg N/ha cuando la media anual de precipitación fue de 2 800 mm y sólo 12 y 19 t de MS/ha/año en los respectivos niveles anteriores cuando la media fue de 1 400 mm (Salette, 1971b).
En Cuba, el cv. PA-32 de D. decumbens produjo rendimientos de 23,4 t de MS/ha cuando fue fertilizado con 400 kg de N/ha, siendo más efectivo en seca que el cv. Común (Machado y Yepes, 1973).
En la época de seca decae la agresividad y el crecimiento se hace más lento, tomando la planta menor altura, principalmente en áreas de secano, experimentándose un marcado detrimento en el rendimiento; Degras, Sabine y Vicent (1971) obtuvieron solo 35% de la producción en seca cuando el rendimiento fluctuó entre 18,3 y 27,8 t MS/ha/año; Paretas, Senra y López (1975) con rendimientos cercanos a 20 t MS/ha/año reportan sólo 30% producido en esta época, mientras que Machado y Oliva (1976) cortando este pasto regado y fertilizado con 400-200-200 kg de NPK/ha/año, respectivamente obtuvieron 17,7 y 16,1 t MS/ha/año con alturas de corte de 5 y 10 cm donde se produjo sólo el 33% en los meses de noviembre a abril.
Resultados similares fueron encontrados por Medina, Wollner y Castillo (1968); Wollner y Castillo (1968); Pérez Infante (1970) y Crespo (1974) usando varios niveles de fertilización nitrogenada.
Por otra parte, Frits (1971) encontró que la pangola, después de un buen inicio en el prímer año de implantación (20 t MS/ha) mostró un rápido retroceso a causa de su desaparición en el curso de los años siguientes en las islas Reunión; Borget (1968), en Guyana y Bunkar y Dulder (1975), en Surinam, encontraron mejor respuesta en Brachiaria ruzizensis y D. valida, respectivamente, que en la pangola; mientras que Machado y Rodríguez (1978) reportan mejor comportamiento en campos de evaluación inicial en D. eriantha D-617 y D. milanjiana D-695, así como en D. smutsii 299827 y D. smutsii Peluda, tomando la pangola como testigo.
Fertilización y riego
La fertilidad de los suelos utilizados en el cultivo de los pastos se incrementa a través de la fertilización, a la vez que este factor es uno de los principales para su producción intensiva (Machado, 1969), siendo el N el nutriente más limitante en nuestras condiciones (Paretas, 1977).
El incremento lineal de los rendimientos en pangola al utilizarse dosis crecientes de N
ha sido evidenciado por Adeniyi y Wilson (1960); Caro-Costas, Vicente-Chandler, Figarella
(1960); Brenes, Más y Arroyo (1961) y Rodríguez, Palencia y Martines (1967). Whitney y
Green (1969), usando dosis de 0 a 640 kg N/ha obtuvieron 3,7 t MS/ha (testigo) y 18 t MS/ha con
el mayor nivel, siendo la eficiencia de utilización de 30 unidades de MS por unidad de N
aplicado en el primer incremento (0-160 kg N) y 10 en el último (480-640 kg N)
aumentando significativamente el contenido de proteína cruda (PC) para cada uno de los
sucesivos incrementos de N; Crespo (1974) reportó resultados similares al obtener
incrementos significativos de 3,6 t MS/ha (control) hasta 13,8 t MS/ha con 830 kg N/ha/año donde
la eficiencia fue de 26 kg MS/kg de N aplicado, incrementándose la eficiencia de utilización
del agua de 0,43 a 0,07 mm de agua/kg de MS a medida que se incrementó el nivel de N;
Paretas (1976) reportó aumentos de 2,80 t MS/ha hasta 27,20 t/ha al aplicar dosis crecientes de N de
0 a 1 600 kg/ha, obteniendo incrementos en la PC de 1,9 t/ha hasta 3,5 t/ha, Aspiolea y
Arteaga
(1977) en suelos pardos tropicales aplicando 0, 25, 50, 75 y 100 kg N/ha/corte
encontraron rendimientos que fluctuaron entre 8,5 t MS/ha para el nivel 0 hasta 23,1 t MS/ha para el
nivel superior, incrementándose la PC de 9,5 a 13% para los niveles entre 25 y 75 kg N/ha/corte.
El nivel de alrededor de 400 kg N/ha/año ha sido reportado como óptimo en algunas
gramíneas estudiadas, entre ellas la pangola (Richards, 1970; Pérez Infante, 1970; Crespo, 1976), ya
que para este nivel se obtienen más de 20 t MS/ha, siendo el nivel de producción promedio entre
8 y 15 t de MS/ha para niveles de fertilización en primavera entre 150 y 200 kg N/ha,
mientras que sin fertilización los rendimientos oscilan entre 3 y 10 t MS/ha. Por otra
parte, se ha evidenciado la necesidad de aplicar P para mantener la respuesta del pasto a
niveles crecientes de N (Avila y Ocampo, 1976) recomendándose 100 kg de
P2O5 como superfosfato sencillo en suelos pardos tropicales (Melian y Avila, 1976) en áreas de pangola con regadío.
Paretas (1976a) encontró que al alargar la frecuencia de corte de 4 a 6 semanas en la época de lluvias utilizando niveles crecientes de N (200 y 400 kg N/ha) se obtuvo 25% más de MS, lo cual se atribuyó a una mejor utilización del N; mientras que 7 semanas con respecto a 5 semanas en seca sólo produjo 4% más de MS, lo cual sugiere no alargar la frecuencia en esta época a fin de no sacrificar la calidad del pasto. Por otra parte, el corte a 5 y 10 cm no tuvo efecto en el total de producción anual (en dos años consecutivos) pero la mayor altura resultó significativamente mejor en el período seco.
Al utilizarse dosis crecientes de N se ha encontrado una tendencia a bajar el contenido de P en el pasto (Aspiolea y Arteaga, 1977; Hernández y Rodríguez, 1978), lo cual se atribuye a un efecto de dilusión; mientras que el Mg se incrementa, manteniéndose igual el contenido de K.
El uso de aplicaciones foliares de urea en seca (Crespo, 1972) y de la fertilización
diferida (Paretas, 1976b, Crespo, 1976) han sido estudiadas a fin de uniformar los rendimientos
de este pasto a través del año. Los resultados fueron positivos en este sentido, pero
presentaron el inconveniente de reducir el rendimiento anual, a la vez que el porcentaje de PC en la MS
se deprimió marcadamente. Los mejores rendimientos anuales fueron obtenidos al aplicar
el fertilizante nitrogenado después de cada corte (Paretas y Funes, 1977) aunque el mejor %
de
proteína se registró cuando éste se aplicó al comienzo de la formación de tallos,
atribuyéndose este resultado a que el N tomado no se metaboliza totalmente y no se convierte en
promotor del crecimiento.
La respuesta de la pangola a la fertilización PK ha sido poco estudiada bajo las distintas condiciones de suelo que se presentan en nuestro país, habiéndose reportado por Avila (1975) que el fraccionamiento de estos elementos en suelos pardos tropicales no presentó diferencias en los rendimientos de MS comparado con la aplicación sin fraccionar, recomendándose este último sistema por presentar, ventajas económicas, de manejo y otras de aspectos técnicos.
Valor nutritivo
Uno de los índices más utilizados para la evaluación de los diferentes pastos es la digestibilidad aparente. En este sentido, Silva y Gomide (1967) reportaron digestibilidades de 53, 59 y 58% para la pangola, melao (Melinis minutiflora) y guinea respectivamente, cortados a edades tempranas, mientras que estos valores se redujeron a 42, 40 y 31% para los mismos pastos cortados a ocho semanas; sin embargo, los consumos de MS fueron iguales en todas las edades de corte estudiadas (2, 4, 6 y 8 semanas), lo que implicó que el consumo de MS digestible fuera mayor para pangola. Veitía y Márquez (1971) estudiando el efecto de la edad de rebrote de la pangola sobre la digestibilidad y el consumo no encontraron diferencias en la digestibilidad de la MS y la fibra cruda en la pangola cortada a 20, 40 ó 60 días, mientras que la digestibilidad de la proteína fue menor con la yerba de 60 días de edad. El consumo de MS fue superior solamente con el corte a 20 días. Este efecto de la edad sobre la digestibilidad de la PC en la pangola había sido reportado por Chicco (1962) en Venezuela, quien encontró una disminución a partir de 42 días de rebrote.
Al medir la influencia de dosis crecientes de nitrógeno (0, 25, 50 y 100 kg/ha en cada
corte) sobre el valor nutritivo de la pangola henificada, Almanza y Paretas (1976)
encontraron correlaciones positivas entre el nivel de nitrógeno aplicado y la digestibilidad de la MS y
la proteína, así como con el consumo de nitrógeno. Los valores medios de las digestibilidades
de las fracciones fueron 63,1; 64,3; 71,1 y 76,3 para la MS, materia orgánica (MO), proteína
y
fibras respectivamente, durante la época de sequía y 55,6; 59,0; 73,7 y 58,1 para los
mismos componentes en la época de lluvias.
En un trabajo posterior de dos años de duración con pangola común (Almanza, comunicación personal) comparó dos niveles de nitrógeno (200 y 400 k/ha/año) y edades de rebrote de 4 y 6 semanas en primavera y 6 y 8 semanas en sequía. En este trabajo solamente la edad de rebrote influyó significativamente, siendo mayor la digestibilidad de la MS en primavera con la menor edad (65,7 vs 61,8), mientras que en sequía la digestibilidad de la MS fue mayor para 8 semanas (63,3 vs 57,8). Este autor también comparó en otro trabajo las variedades común y PA-32 de D. decumbens cortadas a 4,5 y 7 semanas en primavera y 9, 10 y 11 semanas en sequía y no encontró diferencias en la digestibilidad de la MS entre las variedades en ninguna época del año ni tampoco entre las edades de corte en primavera, sin embargo, en la época de sequía ambas variedades redujeron su digestibilidad con el incremento de la edad. El consumo en esta época fue significativamente mayor para ambos pastos. No obstante, debido a un mayor rendimiento del pasto pangola PA-32 en la época de sequía, la producción de MS digerible fue superior para este pasto.
Un estudio más reciente (Ruiz y Cairo, 1976) para comparar la influencia de la edad de rebrote sobre la digestibilidad y el consumo de MS y la digestibilidad in vitro de los pastos pangola y bermuda cruzada-1 (C. dactylon) fertilizados a razón de 400 kg de nitrógeno/ha por año, mostró que el consumo fue superior en bermuda a 30-33 días (108,9 vs 93,9 g/kg PV0,75) y también cortada a 55-60 (76,6 vs 62,9 g/kg PV0,75) en la época de sequía, mientras que en el período lluvioso no hubo diferencias.
En las condiciones de la isla Guadalupe con régimen de precipitaciones muy uniforme y
que alcanza los 3 000 mm anuales, Chenost (1975) ha reportado un estudio sobre el valor
nutritivo de la pangola común. Entre otras cosas puntualizó que la influencia de la edad sobre el
valor nutritivo varió con la estación climática. La edad influyó más sobre el contenido de
proteína durante los períodos de más lento crecimiento, además, en esta época el contenido
de proteína fue mayor. Los promedios de digestibilidad de la MO variaron desde 70,8 a los
28
días de edad hasta 59,5% a los 77 días. La reducción de la digestibilidad fue mayor durante
la estación de rápido crecimiento. La
digestibilidad in vivo estuvo correlacionada con
la proporción de hojas y muy ligeramente con el contenido de MS de las plantas completas.
La energía neta de la pangola expresada como unidades forrajeras varió desde 0,73 a los 28
días hasta 0,52 a los 77 días.
Muchos autores han señalado la alta aceptabilidad de la pangola como uno de los factores más positivos de esta especie. En este sentido Esquivel y Cuenca (1972) evaluaron la aceptabilidad de nueve gramíneas tropicales (D. decumbens, C. gayana, P. maximum, P. purpureum, C. dactylon, H. rufa, C. ciliaris, D. aristatum y C. plectostachys) en pastoreo con rotación cada 45 días durante la seca y cada 30 días en primavera. El tiempo de permanencia en las parcelas fue significativamente mayor para pangola, rhodes (C. gayana) y angleton (D. aristatum en primavera, mientras que en la época de sequía guinea común estuvo entre las de mayor aceptabilidad por las vacas.
Producción de carne
Uno de los métodos más utilizados para la evaluación comparativa de los pastos ha
sido mediante el comportamiento de éstos en la producción de carne. En este sentido, Quinn,
Mott, Bischoff, La Rocha y Jones (1965) reportaron ganancias de peso vivo de 240 y 330
kg/ha/año para niveles de 0 y 100 kg/ha de nitrógeno) para la pangola las cuales fueron similares
para faragua (H. rufa) y para guinea cv. Colonial, pero superiores a los pastos melao
(M. minutiflora), guinea cv. Tanganika y bermuda de costa. En Puerto Rico, con un régimen
de lluvias de 1 600 mm, Caro-Costas, Vicente-Chandler y Figarella (1965) en un trabajo de
cuatro años con novillas Holstein reportaron ganancias por hectárea de 1,124 kg/año para la
pangola fertilizada a razón de 350 kg/ha de N, con carga de 6 animales/ha, mientras que la guinea
en las mismas condiciones alcanzó producciones de peso vivo de 1 319 kg/ha/año. En
Cuba, Montoya y Duquesne (1977) evaluaron comparativamente la pangola cv. PA-32, la bermuda
cv. cruzada-1 y la guinea común, cada una sometidas de cargas de 3, 5 y 7,5 animales/ha en
un experimento sin regadío sobre un suelo rojo de baja fertilidad con un régimen de
fertilización que incluyó 150 kg de N/ha/año. Al concluir el primer año las especies pangola PA-32
y
bermuda cruzada-1 produjeron similares ganancias bajo la carga de 3 animales/ha (0,473
y 0,515 kg/animal/día, respectivamente) y también con 5 animales/ha (0,321 y 0,314
kg/día). Con todos los niveles de carga la guinea común produjo las peores ganancias y bajo la
carga de 7,5 animales se alcanzaron ganancias muy bajas y ocurrió una tensa despoblación
en todas las especies al final de la primavera del primer año.
En otro trabajo comparativo, Gutierrez, Pereira y Cruz (1977) con hembras en desarrollo (195 kg peso vivo inicial) compararon los pastos pangola común, bermuda de costa, guinea común y rhodes común en pastoreo rotacional con riego en sequía y 200 kg de nitrógeno/ha. Las ganancias diarias en el año fueron 0,581; 0,501; 0,474 y 0,424 kg/día para pangola, bermuda, guinea y rhodes respectivamente. Las novillas de la pangola presentaron mejor índice de gestación (70%) que las del resto de las especies a los 18 meses de edad.
En Colombia (Anon, 1974) en un experimento de tres años sobre pasto pangola con riego, estudiaron cuatro niveles de nitrógeno (168, 332, 500 y 672 kg/ha/año), dada uno sometido a tres niveles de carga en orden creciente, (4,17; 5,00; 5,83; 6,67; 7,50 y 8,33 novillos/ha). En todas las combinaciones las ganancias de peso vivo diarias estuvieron en el rango de 433-495 g/animal excepto en la combinación de la carga y fertilización más baja, los que ganaron 546 g/cabeza. Bajo ninguna carga el incremento del fertilizante mejoró la ganancia individual. Las ganancias por hectárea estuvieron en el rango de 826-1358 kg/ha/año con una respuesta lineal al incremento de la carga para cada nivel de fertilizante nitrogenado.
En dos experimentos simultáneos realizados en Cuba, Valdés y Perdomo
(1977a y 1977b) estudiaron niveles crecientes de nitrógeno (80 hasta 400 kg/ha/año) en pangola
común, sometidos cada uno a cargas de 4 y 6 animales/ha bajo condiciones de secano y
sin suplementación. En el primer experimento, los animales de 9-11 meses de edad
fueron incorporados a los tratamientos al inicio de la estación de lluvias y se encontró respuesta
hasta 240 kg/ha de N, pero las diferencias ocurrieron en la época de sequía lo que atribuyeron
al efecto residual del nitrógeno en esta época, sin embargo, en el segundo experimento
donde animales de la misma edad se incorporaron a los tratamientos al inicio de la sequía,
solamente
se encontró respuesta hasta 160 kg de N/ha y con el nivel de 80 kg de N ambas
cargas produjeron ganancias similares. En los dos experimentos las cargas de 6
animales/ha produjeron mayores ganancias por hectárea (885 y 774 kg/año respectivamente) que
las cargas de 4 animales/ha (693 y 591 kg/año).
En el mismo lugar, Valdés y Batista (no publicado) estudiaron el efecto de suplementar con miel urea ad libitum a animales que pastaban pangola común bajo diferentes combinaciones de carga y fertilización y no encontraron diferencias en la ganancia diaria entre niveles de 0 y 80 kg/ha de N bajo la carga de 4 animales/ha, además bajo esta carga la suplementación produjo efectos depresivos en la ganancia de peso vivo. Bajo la carga de 6 animales/ha encontraron diferencias significativas entre niveles de 80 y 160 kg/ha de N y además una ligera respuesta a la suplementación en el mayor nivel de N, que contribuyó a alcanzar el peso de matanza (397 kg) a los 30 meses de edad de los animales y además la mayor producción por hectárea (865 kg/año). Bajo la carga de 8 animales por hectárea y 160 kg de N se obtuvieron altas producciones por hectárea pero las ganancias diarias fueron pobres y no se alcanzó el peso de matanza a la edad adecuada, además, la suplementación tuvo menor efecto que bajo la carga de 6 animales por hectárea.
También en Cuba, Delgado y Alfonso (1974) estudiaron el efecto de cargas de 3,5 y 5 cab/ha en pangola fertilizada a razón de 300 kg de N/ha con rotación en 4 ó 12 cuartones o con cerca eléctrica. No encontraron efecto del sistema de rotación; sin embargo, con la mayor carga obtuvieron ganancias por hectárea de 1 122 kg, mientras que con la menor carga las ganancias fueron de 900 kg/ha como promedios de 2 años. Las ganancias diarias 0,705 y 0,615 kg/animal para las cargas de 3,5 y 5 animales/ha respectivamente, son las mayores reportadas en Cuba para estas condiciones.
En Australia, con un régimen de lluvias de 1 650 mm bien distribuidas en el año, Evans (1969) comparó niveles de 450 y 900 kg de N/ha con cargas variables que promediaron en ambos niveles 7,4 animales/ha y encontró muy pobre respuesta al mayor nivel de nitrógeno en la producción por hectárea (1 275 vs 1 360 kg/ha/año respectivamente).
Producción de leche
Es conocido que las distintas especies pueden influir en la producción de leche. En este sentido Stobbs (1970) encontró que la pangola produce 10% más leche que el rhodes. Este autor, en una revisión sobre la capacidad productiva de los pastos tropicales en Australia, reportó que la pangola, la guinea y el kikuyo (P. clandestinum) fueron las mejores especies para la producción de leche en diversas condiciones (Stobbs, 1971), En Cuba, fueron evaluados simultáneamente un gran número de pastos cultivados para la producción de leche (Anon, 1971-72) y se encontró que la pangola común estuvo entre las especies más productivas durante la primavera, tanto con vacas mestizas como con vacas Holstein junto con los pastos paraná (B. mutica), estrella (C. plectostachyus) y bermuda de costa pero superiores a rhodes y guinea común, mientras que en la época de sequía sólo fue superado por guinea común y el paraná.
Ya ha sido puntualizada que la dificultad principal en la explotación de los pastos y especialmente de la pangola común, son los pobres rendimientos en la época de sequía aún cuando se dispone de regadío, por lo que la mayoría de las investigaciones sobre producción de leche han estado encaminadas a obviar esta dificultad.
En Cuba uno de los aspectos más estudiados sobre la pangola ha estado encaminado
a determinar los niveles de carga más adecuados. En este sentido García y Crespo
(1976) estudiaron el efecto de cargas de 3,2; 4,2 y 5,2 vacas/ha en un sistema de alta fertilización
y riego sin utilizar alimentos suplementarios y encontraron que en estas condiciones bajo
la carga de 4,2 vacas/ha se produjeron las mejores producciones de leche por hectárea
con mejor composición aunque la producción individual fue ligeramente inferior en la época
de sequía que bajo la menor carga utilizada. En este trabajo, bajo la carga de 5,2 vacas/ha
el pasto se afectó severamente y no pudo ser evaluado en la época de sequía. También
Guzmán y Moreno (1976) probaron cargas similares durante el período de primavera y observaron
una reducción de la producción por vaca (desde 6,1 kg/día con 3,3 vacas/ha hasta 4,6
kg/día cuando la carga fue 5,4 vacas/ha, con esta carga también se redujo el % de pangola en
el pastizal desde 93 al inicio hasta 73% al final del experimento. Contrariamente Ugarte
(1975)
citado por García-Trujillo, Martínez y Delgado (1976) trabajando con vacas de más
alto potencial sobre pangola fertilizada con 400 kg/ha de nitrógeno y con riego,
reportan producciones individuales de 2 360 kg/vaca para carga de 3 vacas/ha y solo una reducción
del 14% cuando utilizó 6 vacas/ha. El incremento de la carga, en este caso, representó un 63%
de la producción por hectárea (7 350 vs 12 028 kg/ha) pero las vacas, terminaron la lactancia
en un estado físico no satisfactorio.
En pangola con alta fertilización y regadío, Salinas, Pervov y Márquez (1971) no encontraron efecto a niveles crecientes de suplementación con concentrados desde 150 hasta 750 g/kg de leche producida con vacas de mediano potencial (10 kg/vaca/día) que pastaban pangola común a razón de 4 ó 5 vacas/ha, aunque la mayor carga produjo 12,5% de incremento en la producción por hectárea. Con vacas Holstein de mayor potencial, García (1976) no encontró respuesta a niveles mayores de 130 g/kg de leche en pangola con alta fertilización y riego. Por otra parte, en condiciones de altas precipitaciones (2 600 mm distribuidas en 10 meses del año), Blydenstein, Toledo y Camargo (1969) en pangola con baja fertilización, reportaron producciones por hectárea de 6 014 kg/año utilizando vacas de bajo potencial con carga media anual de 8,57 vacas/ha. Parece evidente que en estas condiciones la pangola puede satisfacer las necesidades de vacas de mediano potencial y mantener altas producciones por hectárea con bajos niveles de suplementación en el período de sequía. También, en la época de lluvias, parece necesario mantener un mínimo de suplementación para vacas que pastan pangola fertilizada ya que Esperance, O'Donovan y Carnet (1976) encontraron respuestas a la suplementación de novillas con 2 kg/vaca/día de concentrado, además, Milera y Ramírez (1976) encontraron respuesta a este nivel de suplementación tanto con carga de 3 como de 4,5 vacas/ha a pesar de que la producción por vaca no difirió entre las cargas. Esta situación parece explicarse por una limitación en la calidad del pasto pangola en esta época.
En los últimos años, varios sistemas han sido propuestos para mejorar la producción de
los pastizales de pangola mediante la mejora de la productividad en la época de sequía. Para
los
lugares donde se dispone de regadío, Ugarte, Rábago y Domínguez (1976) han evaluado
un sistema consistente en sembrar directamente, en los pastoreos de pangola, sorgo forrajero
en los últimos meses de lluvias para ser pastados conjuntamente durante la siguiente
sequía. Ellos utilizaron en este sistema 4,6 vacas/ha y 400 kg/ha de nitrógeno y no
encontraron diferencias cuando lo compararon con un sistema donde se pastaba la pangola sola y
se suministró ensilaje producido de áreas segregadas durante la época de lluvias. Otro
sistema estudiado ha sido la siembra mixta de pangola con otro pasto de mayor respuesta al
riego durante la sequía. En este sentido Pruneda, Perez Infante y Herrera (1976) compararon
la siembra mixta de pangola y bermuda de costa contra el rhodes común, que presenta
alta respuesta al riego durante la sequía, sometidos ambos a pastoreo a razón de 3 vacas/ha
y fertilizado con 60 kg/ha de nitrógeno en cada rotación. Las producciones alcanzadas
durante la sequía fueron de 10,4 y 10,8 kg/vaca para la mezcla pangola-bermuda y
rhodes respectivamente. También Cribeiro, Elías y Sánchez (1976) han propuesto otro sistema
para vacas de alto potencial donde una parte del área de pastoreo es sembrada con Glycine wightii para ser pastada durante 4 horas diariamente como complemento al pastoreo de pangola.
Con este sistema ellos obtuvieron una producción en sequía de 17,4 kg/vaca/día comparado con
13 litros producidos con el pastoreo de pangola solamente. En este sistema se emplean
cargas relativamente bajas.
Para las condiciones de secano, Esperance, O'Donovan y Perdomo (1976) han
concluido un estudio de tres años que actualmente se evalúa a escala de producción que consiste
en segregar el 50% del área de pastoreo de pangola durante los cuatro primeros meses
de primavera para fabricar ensilaje dos veces consecutivas, mientras que en los dos
meses restantes una parte del área segregada se incorpora al pastoreo y la otra parte (25% del
total del área) se conserva como heno. Durante la época de sequía toda el área se pone
bajo pastoreo restringido y se suministran los forrajes conservados. Con este sistema
ellos mantuvieron 3 vacas/ha como carga media anual y lo compararon con un sistema
rotacional de carga fija de 3 vacas/ha durante todo el año que, además requirió forraje verde de un
área
adicional durante la sequía, por lo que la carga real fue de 2,6 vacas/ha. En el sistema
de segregación durante la primavera se obtuvieron 0,8 kg de leche por vaca más que en
el sistema de carga fija durante los años que se suplementaron las vacas en primavera, pero
fue igual cuando no se suplementó en esta época. Durante la época de sequía el tratamiento
de segregación fue superior en 1,0 kg de leche por vaca/día como promedio de 3 años.
La producción de leche por hectárea estimada en base a las vacas lactantes fue de 8,103
kg/ha/año para el sistema de segregación. Este sistema, llevado a extensión en una vaquería de
120 vacas en pasto pangola donde se segregó el 42,5% del área, para ensilar y 25% para
henificar se obtuvieron 390 t de ensilaje y 60 t de heno y la producción de leche en primavera fue
igual a la producción de la vaquería control (11 kg/vaca/día) a pesar de que sólo se aplicaron 80
kg/ha/año de nitrógeno (Esperance, 1977).
CONCLUSIONES
Hasta el momento han sido reportadas más de cuarenta especies del género Digitaria con alrededor de 600 ecotipos, lo cual evidencia que la variabilidad de este género no ha sido explotada en toda su potencialidad, ya que la gran mayoría de las investigaciones en el mundo tropical y subtropical han sido realizadas con la especie Digitaria decumbens Stent, fundamentalmente pangola común. Las grandes diferencias en la producción durante el período más frío y menos luminoso en las regiones subtropicales constituyen la principal dificultad en la explotación del género y en particular de D. decumbens. En Cuba, el rango de producción anual de la pangola está entre 3 y 25 t de MS/ha para condiciones de secano sin fertilización hasta aquellas en que se aplican 400 kg/ha de N con riego. Estos rendimientos anuales son similares a los reportados para bermuda cruzada-1 (C. dactylon) y guinea común, en Cuba, con la diferencia de que estos últimos pueden producir el 40% en sequía con riego. Los mayores rendimientos reportados alcanzan a 40 t/ha de MS en la isla Guadalupe con 2 600 mm de precipitación anual y más localizada hacía el Ecuador.
Una dificultad práctica que presenta la pangola es no producir semilla viable lo que
dificulta y encarece su propagación, también ha sido reportada su susceptibilidad al ataque de
hongos. Sin embargo, sus altos rendimientos en la época de lluvias, así como su alta respuesta
en
rendimiento y contenido de nitrógeno a los fertilizantes en esta época la hacen preferible
para las explotaciones en condiciones de secano. Otra característica valiosa de esta especie es
su rápida recuperación en el período de lluvias y su competencia con las malas hierbas
cuando las condiciones de fertilidad son adecuadas.
Ha sido demostrado que se pueden obtener producciones de 885 hasta 1 112 kg por hectárea en la cría de animales de carne con pangola con un nivel medio de fertilización (160 kg de N/ha) en condiciones de secano, ya que aunque en la época de sequía ocurren pérdidas o la ganancia de peso es baja, los altos rendimientos de la época de lluvias permiten alcanzar altas ganancias de peso vivo (0,869-0,915 kg/animal/día) aún cuando la carga sea alta (6 y 4 animales/ha). En producción de leche se pueden obtener rendimientos entre 6 000-8 000 kg/ha en condiciones de secano con vacas de bajo y mediano potencial, mientras que con regadío y alta fertilización se pueden alcanzar producciones de 12 000 kg/ha utilizando vacas de mayor potencial. Es evidente que para las condiciones de secano con pasto pangola para minimizar la suplementación es necesario aplicar sistemas que incluyen la conservación de los excedentes de primavera como el sistema propuesto por Esperance et al. (1976).
SUMMARY
At the present moment there are more than 40 species reported for the genera Digitaria with about over 600 ecotypes, which evidences that the variability in this genera has not been exploited in all its potentialities, so that the major part of the research work in tropical and sub-tropical regions has been done on the species Digitaria decumbens Stent. The great differences in production during the coldest and less light period in subtropical regions constitute the main difficulty in the exploitation of this genera and particularly of D. decumbens. In Cuba annual yield ranges between 3 and 25 t/DM/ha since non irrigated nor fertilized soils until irrigated and well fertilized ones (400 kg/ha/N). These annual yields are similar to those reported for bermuda grass cv. Coastcross-1 C. dactylon) and for common guinea grass in Cuba, with the difference that these two pastures can produce about 40 of their annual yields during the dry season with irrigation. The greatest yields reported reach to 40 t/DM/ha in Guadalupe, with 2 600 mm of annual rainfall and situated near the equater.
A practical difficulty which pangola grass presents is not to produce viable seed; this makes its propagation difficult and expensive also its susceptibility to fungi diseases has been reported. Nevertheless, its high yields during the wet season, and its good response to fertilizers for yield and protein content in that period, make this grass preferable for exploitation when no irrigation is possible.
It has been demonstrated that it is possible to obtain yields from 885 to 1 112 kg/ha when rearing beef cattle with pangola with a medium level of fertilization (160 kg/ha) and no irrigation, since although during the dry season liveweight loss occurr or liveweight gain is low, the high yields during the wet season permit to reach high liveweight gains (0,869-0,915 kg/animal/day) even when stocking rate is high (6 and 4 animals/ha). For milk production it can be obtained yields from 6 000 to 8 000 kg/ha without irrigation for cows of low aid medium potential while it is possible to reach over 1 200 kg/ha for high potential cows with irrigation aid fertilization. It is evident that for pangola grass in not irrigated conditions it is necessary to use systems which include the conservation of wet season excess in order to disminish suplementation, as in the system proposed by Esperance et al. (1976).
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