ARTÍCULO DE INVESTIGACIÓN

 

 

 

Sistemas agroforestales en Cuba: algunos aspectos de la producción animal

 

Agroforestry systems in Cuba: some aspects of animal production

 

 

 

J.M. Iglesias1, L. Simón1, L. Lamela1, D. Hernández1, I. Hernández1, Milagros Milera1, E. Castillo2 y Tania Sánchez1

1Estación Experimental de Pastos y Forrajes "Indio Hatuey".Central España Republicana, CP 44280, Matanzas, Cuba Email:iglesias@indio.atenas.inf.cu
2Instituto de Ciencia Animal. La Habana, Cuba

 

 

 


RESUMEN

Los sistemas agroforestales para la producción animal, que actualmente constituyen logros científicos de la Estación Experimental de Pastos y Forrajes "Indio Hatuey" y otros centros de investigación de Cuba, han sido desarrollados a partir de los resultados de investigaciones que se realizaron desde la década del ochenta, para mejorar la productividad de los pastos naturales mediante la introducción de valiosas especies herbáceas y leguminosas arbóreas. Esas investigaciones también determinaron los elementos esenciales del manejo de los pastos, como las cargas óptimas para los sistemas de bajos insumos y los métodos de pastoreo adecuados para alcanzar la sostenibilidad de los pastizales.

Entre los diversos tipos de sistemas silvopastoriles estudiados, los bancos de proteína y las asociaciones múltiples de leguminosas y gramíneas han contribuido, en gran medida, al desarrollo de la producción sostenible de leche y carne, y pueden ser considerados como sistemas que pueden extenderse a los campesinos y que se integran bien a los objetivos de producción de la ganadería cubana.

Leucaena leucocephala ha sido el árbol utilizado con mayor frecuencia en los sistemas silvopastoriles cubanos y también ha hecho una gran contribución a los datos experimentales que demuestran las ventajas reales de la agroforestería. Sin embargo, no es la única especie empleada. Otras como Albizia lebbeck, Erythrina berteroana, Erythrina poeppigiana, Gliricidia sepium, Bauhinia purpurea y Morus alba, han sido estudiadas con éxito y parecen ser elementos importantes de la diversificación de las comunidades vegetales en los sistemas silvopastoriles en Cuba.

Los principales resultados obtenidos en el uso de la agroforestería para la producción animal en Cuba son: ganancias diarias de peso vivo entre 500 y 600 g en toros jóvenes para engorde, con una producción promedio de alrededor de 800 kg de carne por hectárea anualmente; una producción de leche diaria de 7-10 kg/vaca (9-14 kg/ha), sin suplementos; y ganancias diarias de peso vivo entre 400 y 525 g en novillas de reemplazo en crecimiento, lo que permite un peso vivo para la reproducción de 290-300 kg a los 20-27 meses de edad, con el uso mínimo de insumos externos al sistema.

La renovación y la introducción de pastos apropiados, adaptados a las condiciones edafoclimáticas locales, unido a la incorporación estratégica de plantas arbóreas y arbustivas en las áreas de pastoreo, parece ser una alternativa tecnológica que puede contribuir a mejorar la producción bovina, disminuyendo el impacto negativo en los ecosistemas en que se desarrolla. Esto pudiera constituir una solución económicamente viable, que no ocasiona daños al medio ambiente y es aceptada socialmente, cuyos beneficios a corto plazo se manifestarían en un incremento sostenido de la producción animal.

Palabras clave: Producción animal, sistemas silvopastoriles.


ABSTRACT

The agroforestry systems for animal production, that nowadays constitute scientific achievements of the Grasses and Forages Research Station "Indio Hatuey" and other research institutions of Cuba, have been developed from the results of investigations that were carried out since the 1980's, to improve the productivity of natural pastures through the introduction of valuable herbaceous species and tree legumes. Those investigations also determined the essential elements of pasture management such as the optimal stocking rates for low input systems and suitable grazing methods to achieve the sustainability of grasslands.

Among the diverse types of Silvipastoral systems under study, the protein banks and multiple associations of legumes and grasses have contributed much to the development of sustainable milk and meat production, and could be considered as systems that can be extended and to the farmers and that integrate well with the production objectives of Cuban cattle production.

Leucaena leucocephala has been the most frequently used tree in Cuban silvipastoral systems and it has also contributed much to experimental data that demonstrate the real advantages of agroforestry. However, it is not the only species used. Others such as Albizia lebbeck, Erythrina berteroana, Erythrina poeppigiana, Gliricidia sepium, Bauhinia purpurea and Morus alba, have been tested with success and appear to be important elements of diversification of plant communities in silvopastoral systems in Cuba.

The main results obtained on the use of agroforestry for animal production in Cuba are: Daily live weight gains between 500 and 600 g in young bulls for fattening, with an average production of around 800 kg of meat per ha annually, daily milk production of 7-10 kg/cow (9-14 kg/ha), without supplements, daily live weight gains between 400 and 525 g in growing replacement heifers, which allows a liveweight for reproduction of 290-300 kg at 20-27 months of age, minimal use of inputs external to the system.

The renovation and introduction of appropriate pastures, adapted to local edaphoclimatic conditions, together with the strategic incorporation of tree plants and shrubs in the grazing areas, seems to be a technological alternative that would contribute to improve the bovine production, diminishing the impact on the ecosystems where they are developed. This could constitute an economically viable solution that doesn't produce environmental damages and is socially accepted, which short term benefits would be observed in a sustained increment of the animal production.

Keywords: Animal production, silvopastoral systems.


 

 

INTRODUCCIÓN

Puede afirmarse que el pastoreo del ganado en gramíneas naturales y mejoradas, así como el uso de los recursos proteicos forrajeros provenientes de la contribución de los árboles y los arbustos, es tan antiguo como su propia existencia. Sin embargo, los sistemas modernos de producción ganadera derivaron hacia el uso de tecnologías intensivas, basadas en otros recursos energético-proteicos que pudieran reemplazar las dietas a base de pastos, o el empleo de sistemas de corte y acarreo de forraje en grandes áreas de monocultivo.

En este contexto, una gran parte de la producción de carne de res en Cuba se realizaba en naves, con tecnologías de estabulación total o parcial, donde la melaza de caña de azúcar (en combinación con urea en diferentes proporciones) y los suplementos proteicos constituían la parte fundamental de la dieta de los animales; mientras que el uso de forrajes y el pastoreo restringido pasaban a un segundo plano (Delgado, García-Trujillo, Molina, Elías, Reyes, Sardiñas y Hernández, 1994).

Para la producción de leche se mejoraron los rebaños lecheros desde el punto de vista racial, con la introducción de sangre Holstein desde los países europeos y Canadá, así como la infraestructura general mediante el desarrollo de unidades de producción con instalaciones fuertes y áreas de praderas y forrajes de 40-110 ha cubiertas por gramíneas. Sin embargo, para lograr la expresión del potencial lechero de los animales era necesario suplementar con concentrados importados y fertilizar las áreas de las gramíneas y los forrajes.

Dichas tecnologías demostraron una gran insostenibilidad, debido a su agresividad contra el medio ambiente y su dependencia de los insumos externos, lo que resulta particularmente importante en las áreas tropicales donde se localizan los países de economías más pobres.

En este contexto, la renovación e introducción de pastos apropiados, adaptados a las condiciones edafoclimáticas locales, junto a la incorporación estratégica de plantas arbóreas y arbustivas en las áreas de pastoreo, parece ser una alternativa tecnológica que contribuiría a mejorar la producción bovina, disminuyendo el impacto negativo en los ecosistemas donde se desarrolla. Según Preston (1995), esto pudiera constituir una solución económicamente viable, que no produce daños al medio ambiente y es aceptada socialmente, cuyos beneficios a corto plazo se manifestarían en un incremento sostenido de la producción animal.

En estos momentos existe un gran interés en Cuba, y en el trópico en general, por un cambio importante en la visión de los investigadores, los profesionales, los técnicos y los productores en cuanto al papel de las especies arbóreas, especialmente la leguminosa multipropósito L. leucocephala, en la producción de los rumiantes.

Hay algunas experiencias orientadas al diseño de alternativas agrosilvopastoriles que permiten intensificar las interacciones entre este árbol y los sistemas ganaderos basados en rumiantes (Simón, 1996; Iglesias, 1996; Hernández, Carballo y Reyes, 1998; Ruiz, Febles, Jordán, Castillo y Galindo, 2000; Simón y Francisco, 2000). Su principal objetivo es desarrollar alternativas tecnológicas para lograr la integración del complejo suelo-árbol-gramínea-animal, orientadas a mejorar los niveles alimentarios y productivos de los animales, el uso racional de los recursos y la evaluación del impacto económico, social y medioambiental de las diferentes alternativas.

 

Fundamentos y propósitos de la agroforestería para la producción animal en Cuba

Los sistemas silvopastoriles, que actualmente constituyen logros científicos de la Estación Experimental de Pastos y Forrajes «Indio Hatuey» y otras instituciones científicas del país, han sido desarrollados a partir de los resultados de las investigaciones que se realizaron desde la década de los ochenta, para mejorar la productividad de los pastos naturales a través de la introducción de valiosas especies herbáceas y leguminosas arbóreas. Esas investigaciones también determinaron los elementos esenciales del manejo de los pastos, tales como las cargas óptimas para los sistemas de bajos insumos y los métodos de pastoreo adecuados para lograr la sostenibilidad de los pastizales.

De esta forma surge el llamado banco de proteína, en el cual se utiliza un manejo diferenciado de las leguminosas para propiciar su persistencia; así como las asociaciones múltiples de especies herbáceas y volubles con pastos naturales, que posteriormente fueron mejorados cuando se introdujeron al sistema los árboles, los arbustos y las gramíneas cultivadas, que fueron capaces de producir altas ganancias de peso vivo por día y por hectárea (Hernández, Alfonso y Duquesne, 1986; Hernández, Alfonso y Duquesne, 1987; Hernández, Alfonso y Duquesne, 1988; Simón, Iglesias, Hernández, Hernández y Duquesne, 1990; Hernández, Hernández, Hernández, Carballo, Carnet, Mendoza, Mendoza y Rodríguez, 1992).

Los propósitos y objetivos del desarrollo de los sistemas silvopastoriles para la producción ganadera son, entre otros, los siguientes:

  1. Lograr ganancias diarias mínimas entre 500 y 600 g/animal y producciones de alrededor de 800 kg de carne por hectárea anualmente, con una carga cercana a dos animales en esta área.
  2. Lograr potencialidades mínimas de 10 kg de leche/vaca/día o 20 kg de leche/ha/día, sin emplear suplementos.
  3. Obtener ganancias diarias entre 400 y 500 g/animal/día en novillas en crecimiento para reemplazo, lo que permite un peso de incorporación a la reproducción de 290-300 kg, con edades que fluctúan entre 20 y 27 meses.
  4. Alcanzar estos resultados con una rentabilidad notable, lograda en función del manejo racional y la explotación de las gramíneas con gastos mínimos en insumos.
  5. Lograr la autosostenibilidad del sistema, propiciando la recirculación máxima de los nutrientes y la protección y el mantenimiento del medio ambiente.

Entre los diversos tipos de sistemas silvopastoriles desarrollados, los bancos de proteína y las asociaciones de árboles con gramíneas han mostrado los resultados más importantes en Cuba, en la producción tanto de carne como de leche, y se perfilan en la actualidad como sistemas que pueden ser generalizados, integrados al grupo de propósitos productivos de la crianza de ganado en el país. Sin embargo, otros como las cercas vivas, por ejemplo, con la ventaja de que son conocidas por su uso tradicional por los campesinos cubanos, pueden constituir una solución importante para reemplazar las cercas tradicionales de concreto en las unidades ganaderas, suministrando cercas más duraderas y económicas, y también contribuir como un recurso alimenticio de gran valor nutricional para el ganado.

¿Qué tipo de sistema debe utilizarse y cuáles deben ser las especies que formen la comunidad vegetal que caracteriza este nuevo tipo de enfoque del pastoreo?

No hay una receta única y las decisiones deben ser tomadas en dependencia de los factores que las condicionan, tales como: la disponibilidad de recursos para el cultivo de la tierra y la siembra, las características del área donde se desarrollará el sistema, y las especies seleccionadas que puedan adaptarse totalmente a las condiciones edafoclimáticas.

Sin embargo, se ha demostrado la superioridad de las asociaciones debido a una mayor ganancia diaria de peso vivo, una mayor disponibilidad de alimento, un notable incremento del nivel de proteína en las gramíneas asociadas, un mejor balance de nutrientes en el pasto y una mejor composición botánica (tablas 1 y 2).

 

El uso de los bancos de proteína para el pastoreo

Pueden utilizarse diferentes alternativas de bancos de proteína para la producción de carne y leche en estos sistemas de pastoreo:

Según Hernández y Simón (1993) esta tecnología consiste en la siembra de árboles, arbustos y plantas herbáceas con un alto contenido de proteínas (generalmente leguminosas), en altas densidades en una determinada área de pastoreo.

Ruiz y Febles (1999) plantearon que el manejo de los bancos de proteína para el pastoreo es simple, y admite que un vaquero experimentado y cuidadoso lo realice con eficiencia. El área de las leguminosas debe dividirse en cuartones y rotarse, de manera tal que garantice períodos de descanso no menores que cinco semanas, que pudieran alargarse en el caso de que sea necesario propiciar un rebrote fuerte y abundante de las leguminosas.El manejo de las leguminosas puede ser igual al de las gramíneas cuando el banco es manejado con libre acceso, o diferenciado, controlando el acceso de los animales mediante el empleo de una cerca que separe el área del banco del resto del cuartón, en dependencia de sus características específicas.

El acceso libre de los animales es aconsejable en los casos en que el banco de proteína haya sido establecido sobre la base de pastos naturales, de forma tal que pueda ser explotado como un solo cuartón en pastoreo continuo, abriendo el portón del área de leguminosas cuando estas hayan alcanzado buen rebrote y biomasa, y cerrándolo cuando los animales lo hayan consumido convenientemente.

Cuando el banco de proteína ha sido sembrado en áreas de gramíneas cultivadas, fertilizadas o no, es aconsejable el pastoreo diferido, que consiste en dar acceso a este sólo en el período de menos disponibilidad de pastos (noviembre a mayo). Esto facilita un período de descanso de alrededor de cuatro meses durante la estación lluviosa, especialmente para las leguminosas herbáceas y volubles, que pueden recuperarse y persistir en el tiempo.

La proporción que deben tener los bancos de proteína en el sistema puede ser 50:50, 70:25 ó 70:30% gramínea-banco de proteína, en dependencia del sistema de manejo escogido por el productor.

Cuando se utiliza el manejo diferido (el banco no es pastoreado en la estación lluviosa) y prevalecen los pastos naturales, se obtienen mejores resultados con 25-30% ocupado por las leguminosas; sin embargo, si prevalecen las gramíneas cultivadas o el acceso es libre, mientras mayor sea la proporción de leguminosas mejores serán los resultados de producción. Si el área dedicada a las gramíneas no se fertiliza, la carga global no debe ser mayor que 2 animales/ha; con niveles de 100 kg de N/ha/año o más, esta puede aumentar a 3 animales/ha.

En general, se aprecia que los bancos de proteína surgen por la necesidad de ofrecer un suplemento de alto valor nutricional para los animales en pastoreo, aunque debe plantearse que se necesita un manejo diferido de las leguminosas, que asegure su persistencia a más largo plazo y al mismo tiempo permita manejar las gramíneas más intensivamente. El área dedicada a los bancos es muy diversa y varía desde 25 hasta 50%, en dependencia del propósito productivo y las especies utilizadas.

En Cuba, con el uso de la leucaena, se han alcanzado producciones de leche en bancos de proteína de 9-10 L/vaca/día, cuando el área de las gramíneas ha sido fertilizada (Milera, Iglesias, Remy y Cabrera, 1994). Lamela, Valdés y Fung (1996a) y Lamela, Valdés y Fung (1996b) obtuvieron resultados similares.

En estas condiciones de manejo y sin el uso de insumos externos, pueden esperarse ganancias diarias de 500 g/animal/día o más en sistemas de engorde en pastoreo, alcanzando un peso vivo final de alrededor de 400 kg con 24-26 meses de edad y producciones de 400-800 kg de carne/ha (Hernández et al., 1992; Febles, Ruiz y Simón, 1996; Castillo, Ruiz, Puentes y Lucas, 1989; Ruiz y Febles, 1999).

En las tablas 3 y 4 aparecen algunos resultados que demuestran las posibilidades reales de los bancos de proteína para la producción de carne.

La (tabla 5) ofrece los resultados productivos de un sistema de pastoreo utilizado para la crianza de novillas de tipo Cebú, en el que el sistema tradicional de crianza sobre la base de gramíneas nativas se sustituyó por un sistema de banco de proteína con L. leucocephala (2 300 árboles/ha) y Andropogon gayanus como una gramínea básica cultivada (Hernández, Carballo y Reyes, 1997). Se evaluaron tres ciclos consecutivos de crianza, con cargas entre 2 y 2,7 novillas/ha, pastoreo rotacional en cuatro cuartones y acceso diario a la leucaena, lo que representó el 33% del área total del sistema de pastoreo. Los indicadores de producción fueron superiores a los obtenidos con los sistemas tradicionales, en los cuales la edad de incorporación a la reproducción sobrepasa los 30 meses.

Por otra parte, Iglesias (2003) estudió el comportamiento de novillas ¾ Holstein x ¼ Cebú en un sistema de banco de proteína de leucaena y otras leguminosas herbáceas (25% del área total de pastoreo) con guinea likoni en el 75% del área, con una carga de 2,5 terneras/ha, y obtuvo un peso de incorporación a la reproducción de 292,3 kg con 26,5 meses de edad. Estos resultados se corresponden con una tasa de crecimiento de 449,1 g/animal/día, aunque es importante destacar que los animales fueron incorporados al pastoreo con un peso corporal muy bajo (sólo 100 kg), lo que indica que las ganancias diarias en el período posparto hasta un año de edad no fueron superiores a 120 g/animal, con consecuencias para la edad de incorporación a la reproducción.

Ruiz, Febles, Sistachs, Bernal y León (1990) recomendaron criar hembras en crecimiento mediante el empleo de bancos de proteína de acceso libre y limitado y suplementación con concentrados en la estación seca. En estos sistemas los animales deben incorporarse a la reproducción con una edad de 19 meses, un peso vivo de 324 kg y ganancias acumuladas de 634 g/animal/día. También sugirieron que, en el caso de no utilizar riego ni fertilización, se ofrezcan forrajes voluminosos adicionales durante la sequía.

Si se desea que los animales ganen más peso (más de 600 g/día), se aconseja el suministro de 2 kg de suplemento por día, lo que representa un ahorro de 450 kg de alimento concentrado por animal. Según estos autores, para obtener una ganancia diaria de 500 g no es necesaria la suplementación (tabla 6).

Los mejores resultados en la producción de leche con la tecnología del banco de proteína se han alcanzado cuando el área del banco representa el 20-25% del área total de pastoreo, con acceso limitado de los animales y un tiempo de pastoreo entre dos y cuatro horas al día.

Para facilitar el manejo, el banco de proteína debe estar tan cercano como sea posible al edificio de ordeño y las otras instalaciones de la vaquería. El área se divide, al menos, en cuatro cuartones para garantizar el pastoreo rotacional y el reposo de las leguminosas. En la tabla 7 se exponen algunos resultados en cuanto a la producción de leche utilizando bancos de proteína de L. leucocephala.

 

El uso de asociaciones de gramíneas y leguminosas

Actualmente hay una mayor claridad acerca del procedimiento para alcanzar el éxito esperado de esos sistemas, aunque aún hay mucho que hacer para optimizar su uso y explotación.

La clave del éxito es lograr una asociación múltiple, bien establecida, de leguminosas y gramíneas de diferente comportamiento estacional y hábitos de crecimiento trepador, rastrero, arbustivo y arbóreo, que conformen una comunidad vegetal caracterizada por una amplia diversidad de especies, donde los árboles y/o arbustos proyecten una sombra difusa sobre la superficie del suelo y las gramíneas acompañantes.

Este sistema favorece su propia nutrición y sostenibilidad a través de la fijación del nitrógeno atmosférico, la extracción (de los horizontes más profundos del suelo) de otros minerales mediante las raíces de los árboles y la deposición de las hojas muertas y las excretas de los animales en la superficie del suelo, lo que se manifiesta estacionalmente en la alta y estable disponibilidad de biomasa de MS y en la evolución positiva del suelo.

Por otra parte, la atmósfera boscosa facilita la retención de humedad, aumenta la actividad biológica del suelo a través de la biota edáfica y crea un hábitat que estimula la presencia de otras especies de la fauna, lo que favorece el mantenimiento de un balance ecológico y la protección del medio ambiente.

El balance leguminosas-gramíneas es favorecido, aparentemente, por la sombra difusa que proporcionan los árboles y los arbustos, lo que contribuye al desarrollo de las leguminosas trepadoras y rastreras y suaviza la agresividad de las gramíneas, retardando su proceso natural de maduración. Las ramas leñosas de los árboles y los arbustos sirven como tutores para las leguminosas que trepan hasta las partes superiores de los árboles, donde producen abundante biomasa y no pueden ser alcanzadas por los animales. Esto les permite continuar el proceso de fotosíntesis y, por tanto, la acumulación de reservas que garantizan el futuro rebrote de las partes devoradas. En este estrato superior puede producirse una cantidad importante de semillas, que caen al suelo estacionalmente y crean un almacenamiento natural que garantiza la persistencia y la estabilidad del sistema.

La especie arbórea más estudiada y utilizada en Cuba es L. leucocephala, una planta muy apetitosa cuyo consumo puede controlarse, permitiéndole que crezca para que los animales no puedan ramonear todo el follaje disponible y este puede cosecharse posteriormente mediante la poda. Esta particularidad lo protege de las altas cargas, porque el tallo y las ramas no son dañados en exceso y el follaje residual es suficiente para continuar la fotosíntesis de forma eficiente, garantizando un buen rebrote en un período aproximado de cinco a nueve semanas. Se destaca por su valor nutricional, que puede ser similar a una proteína concentrada de alta calidad, como la caseína protegida, cuando se suministra en niveles de 2 a 4 kg de materia verde por vaca por día; también sobresale por sus amplias posibilidades de utilizar la humedad del suelo y sus nutrientes, lo que favorece la producción de biomasa en condiciones de tierra seca. Puede fijar más de 200 kg de N/ha/año.

Entre las leguminosas trepadoras se destacan Neonotonia wightii cv. Tinaroo, Teramnus labialis cv. Semilla clara, Centrosema pubescens cv. SIH-129 y Macroptilium atropurpureum cv. Siratro. Ellas actúan como un complemento valioso de la dieta y también fijan el nitrógeno atmosférico. Su comportamiento estacional individual tiene una gran influencia en la estabilidad del balance de leguminosas-gramíneas y su hábito trepador las protege del daño excesivo por parte de los animales.

La gramínea cultivada Panicum maximum (cualquiera de las variedades comerciales o una mezcla de ellas) presenta rangos estrechos de variación de la digestibilidad de MS que permiten ciclos amplios de rotación; sus rendimientos son menos afectados por la sequía y tiene un buen comportamiento bajo la sombra difusa de los árboles.

El manejo de las asociaciones debe ser flexible y las variaciones en la intensificación de la explotación deben hacerse según la producción total de biomasa, y en particular cuando la disponibilidad de las gramíneas aumenta o disminuye. En este sentido, cuando ocurren los picos de producción de MS (durante la estación lluviosa) el nivel de explotación debe incrementarse mediante la reducción del ciclo de rotación. Este último debe ser más amplio cuando la producción de MS cae a niveles bajos (período seco). De esta forma, las cargas varían estacionalmente sin necesidad de sacar los animales de los pastos. La magnitud del ciclo de rotación se define por el grado de recuperación del pastizal después del pastoreo, el cual varía en función de la intensidad de defoliación.

Estos sistemas silvopastoriles tienen un potencial de producción de alrededor de 10 kg de leche/vaca/día sin utilizar suplementos energético-proteicos. La tabla 8 muestra algunos de estos resultados.

La introducción de esta tecnología de asociación de árboles en toda el área de pastoreo, conocida popularmente como silvopastoreo, comenzó en 1995 y ha tenido un buen desarrollo en diferentes provincias de Cuba (tabla 9).

La tecnología ha demostrado, en condiciones comerciales, sus potencialidades para elevar los indicadores productivos y reproductivos del ganado criado en este sistema. Se han obtenido rendimientos lecheros de hasta 3 000 kg/ha/año y más de 2 800 kg/lactancia. También puede alcanzarse un peso vivo entre 600 y 800 kg/ha/año, al igual que mejoras reproductivas, como la tasa de parición de 80%, el intervalo de parto de 403 días como promedio y 69% de vacas en ordeño.

Se han estudiado otros sistemas asociados de pastoreo, con buenos resultados en la producción de carne y la cría de novillas, sin el uso de fertilizantes ni suplementos.

En un estudio realizado por Hernández (2000) se evaluó el comportamiento de toros Cebú en cuatro sistemas de pastoreo con árboles y sin ellos, donde la gramínea básica fue la guinea likoni y los árboles asociados fueron L. leucocephala, Bauhinia purpurea y Albizia lebbeck. Se empleó una carga de 3 animales/ha y no hubo ninguna fuente de suplementación, excepto agua y sales minerales (tabla 10).

Los resultados del comportamiento animal demostraron la superioridad de los sistemas asociados en comparación con el sistema fertilizado tradicional, sin diferencias entre ellos en la tasa de crecimiento. Es importante reconocer que la inclusión de otras plantas arbóreas, como A. lebbeck y B. purpurea, evidenció su alta potencialidad para ser utilizadas como alimento para el ganado en sistemas con bajos insumos externos.

Por otra parte, Iglesias (2003) evaluó la potencialidad de un sistema silvopastoril para la producción de carne utilizando terneros castrados provenientes de rebaños lecheros, que se alimentan tradicionalmente de forma intensiva. En un sistema de pastoreo compuesto por guinea likoni, Brachiaria decumbens cv. Basilisk y gramíneas naturales (Dichantium spp. y Paspalum notatum), asociadas a leucaena sembrada con una densidad de 555 árboles por hectárea, se demostró que aunque los animales cruzados no alcanzaron un peso de sacrificio similar a los del tipo Cebú, las ganancias diarias durante el período de ceba fueron suficientes para obtener animales de segunda categoría, con un peso final de alrededor de 355 kg y sin pérdidas económicas para el sistema (tabla 11).

Con respecto a los sistemas de pastoreo para la crianza de novillas de reemplazo, también las asociaciones han corroborado la influencia de las leguminosas arbóreas en el comportamiento animal durante las diferentes etapas fisiológicas de estos animales jóvenes.

Iglesias (2003) logró un peso de incorporación a la reproducción de 310 kg en hembras mestizas ¾ Holstein x ¼ Cebú que pastorearon en L. leucocephala (555 árboles/ha) asociada con guinea cv. Likoni y otras leguminosas herbáceas perennes (N. wightii, M. atropurpureum, Indigofera mucronata, etc.). Las ganancias de peso vivo acumuladas (488 g/animal/día) fueron aceptables, pero la edad a la incorporación estuvo por encima de los indicadores deseados para una cría intensiva de ganado (27,4 meses).

Este mismo autor, al comparar hembras de diferentes razas en un sistema de guinea combinada con diferentes variedades de leucaena (Cunningham, Perú y CNIA-250), observó una reducción considerable en la edad de incorporación a la reproducción (22,8 meses) y ganancias de peso moderadas, apropiadas para el buen desarrollo de las futuras vacas lecheras (tabla 12).

Por otra parte, Mejías, Ruiz y López (2000) diseñaron un sistema de cría de hembras donde primero se utilizó la leguminosa rastrera Stylosanthes guianensis asociada con gramíneas para destetar las terneras y posteriormente se introdujeron los animales en las áreas de pastos combinadas con leucacena. Las ganancias diarias fueron superiores a 500 g, con una edad de incorporación a la reproducción de 22,3 meses y preñez de alrededor de 24 meses. El peso vivo en la incorporación también mostró un valor apropiado (304,5 kg).

La sustitución de alimento concentrado para esta categoría es posible si se tienen en cuenta los resultados de Zarragoitía, Elías, Ruiz y Rodríguez (1992). Estos autores compararon el sistema de pastoreo tradicional de bermuda cv. 68, fertilizada y con suplemento de concentrados, con el uso de esta gramínea asociada a la leucaena y no encontraron diferencias en las ganancias de peso diarias (569 vs 530 g/animal/día) y en la edad (18 vs 19,3 meses) y el peso vivo (323 vs 321 kg) de incorporación, lo que demuestra el potencial de la asociación desde el punto de vista productivo y económico, por ahorrar concentrado y fertilizante.

 

CONCLUSIONES

Los estudios realizados y los resultados productivos obtenidos hasta el momento demuestran que los sistemas silvopastoriles constituyen una alternativa de valor que pudiera tener un papel importante en la recuperación de la producción ganadera tropical y, en particular, de leche y carne, dos de los alimentos más importantes para satisfacer las necesidades de la población.

 

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Recibido el 5 de mayo del 2006
Aceptado el 19 de julio del 2006